Prosper Guéranger, restaurador y liturgista

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En el siglo XVIII la Liturgia había dejado de ser una fuerza vital del catolicismo. La Liturgia, tan admirablemente restaurada después de la crisis protestante por voluntad expresa de los Padres Conciliares de Trento y compendiada por San Pio V al publicar el Misal y el Ritual Romano, había sufrido los ataques del jansenismo y del quietismo. Los discípulos de Jansenio habían apartado a los fieles de la práctica de los sacramentos. El quietismo, que pretendía llegar a Dios directamente, había desviado a las almas de la liturgia, intermediaria querida por la Iglesia entre Dios y nosotros. Es la época en que el galicanismo triunfante componía sus liturgias diocesanas en las que el único punto de encuentro era el carácter antirromano. Toda Europa sucumbía en la herejía antilitúrgica o se veía influenciada por ella.

Prosper Guéranger nació en Sablé, el 4 de abril de 1805. De joven, solía pasear hasta Solesmes, antigua abadía benedictina secularizada en 1790 durante la Revolución francesa. Tras sus estudios en el liceo de Angers, una vocación sacerdotal precoz le condujo al seminario de Le Mans. Fue atraído por el estudio pormenorizado de la historia de la iglesia. Descubrió un pasado en el cual había sido floreciente el monaquismo y el contacto con las grandes obras de los mauristas despertaron en él cierto deseo de vida monástica. Cuando se enteró en 1831 del inminente derribo del priorato de Solesmes, se le ocurrió la idea de adquirirlo para reemprender la vida benedictina. Con la ayuda de unos amigos, el impulso del obispo, reúne apenas lo suficiente para alquilar el monasterio e instalarse allí con tres compañeros el 11 de julio de 1833.

Tras cuatro años de prueba, don Guéranger va a Roma en 1837 a solicitar una aprobación. La Santa Sede no sólo reconoce como auténticamente benedictina la comunidad de Solesmes. También convierte el pequeño priorato en abadía jefe de una congregación francesa de la orden de San Benito. Así, sucede a las antiguas congregaciones de Cluny, Saint-Vanne y Saint-Maur. El 26 de julio, don Guéranger emite su profesión solemne entre las manos del Abad de San Pablo Fuera los Muros en Roma.

Además de la obra viva de Dom Guéranger, el restaurador de Solesmes dejó dos obras escritas que no pudo completar: las “Instituciones Litúrgicas” y “El año litúrgico”. Cuando apareció el primer volumen de la primera en 1841, en el que se trazaba la historia de la Liturgia hasta el Concilio de Trento, los aplausos y las felicitaciones fueron unánimes. Dicha unanimidad se rompió al aparecer el volumen segundo, en el que el autor puso de relieve las desviaciones aparecidas en Francia en los siglos XVII y XVIII y como estas habían conducido a la desaparición en ella del rito romano.

La repercusión fue clamorosa, las adhesiones más sinceras se mezclaron con los ataques furiosos. Guéranger respondió con moderación y respeto, pero con gran seguridad y firmeza. El resultado fue más halagüeño que el que él mismo habría esperado: pronto una diócesis tras otra fueron adoptando la liturgia romana. Antes de morir en 1875, tuvo el consuelo de comprobar que todas las diócesis francesas habían vuelto al rito romano y que la piedad litúrgica reflorecía ya entre el clero y los fieles.

"Es, pues, únicamente en el seno de la verdadera Iglesia donde tiene que fermentar la herejía antilitúrgica, es decir esa herejía que se constituye en enemiga de las formas del culto. Es, únicamente, allí donde hay algo para destruir que el espíritu de la destrucción tratará de instilar ese veneno deletéreo."