Beato Tito Brandsma

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En Bolsward, pueblo holandés de 10.000 habitantes. venía al mundo el 23.2.1881 el quinto de los seis hijos del matrimonio Tito y Postma, bautizado como Anno Sjoerd Brandsma. Holanda era un país de aplastante mayoría protestante (los belgas flamencos y los holandeses hablan un idioma común pero les separa la religión mayoritaría, católica la de unos y protestante la de los otros). Procedente de una familia tradicional católica, Brandsma se incorporó a la orden de los carmelitas el 17 de septiembre de 1898, donde recibió el nombre religioso Titus (Tito).

Ordenado sacerdote en 1905, Brandsma fue un estudioso de la mística carmelitana, disciplina en la que se doctoró en filosofía en Roma en 1909. Entre sus logros en este campo se encuentra una traducción de las obras de Santa Teresa de Ávila al holandés. En Roma también se especializó en Sociología, Espiritualidad y Periodismo. A su regreso a Holanda fundó bibliotecas, escuelas y la Unión de Escuelas Católicas. Aunque en esa época su patria tenía mayoría absoluta protestante, Tito consiguió que el Parlamento aprobara una iniciativa suya para que el Estado otorgara ayuda económica a los colegios católicos.

La Universidad Católica de Nijmegen, la primera de su especie dentro de la joven historia de Holanda, fue fundada en 1923. Tito fue allí catedrático de Filosofía y de Mística. En 1932 le eligieron Rector por un año. Con ocasión de su nombramiento como Rector de la Universidad de Nimega (el 17 de octubre de 1932), expresaba en su discurso la preocupación por el olvido de Dios por parte del hombre moderno. Un olvido basado en el deseo de ocupar el lugar de Dios, de erigirnos nosotros mismos en dioses y, en consecuencia, en dueños de la vida de los demás. No obstante, la universidad era sólo una pequeña porción de la muy amplia realidad nacional y había que influir también en todos los que vivían fuera de las instituciones académicas. Para servir mejor a su patria, se hizo periodista activo. Fundó varias revistas y fue redactor-jefe de varios periódicos. Pero su impacto en el medio periodístico rebasó el ámbito profesional. Muchos colegas encontraron en él a un confidente discreto, consejero y amigo sincero, siempre dispuesto a compartir penas e infundir esperanza.

En el año 1933 Adolf Hitler obtuvo el poder en Alemania. En mayo de 1940 los nazis invadieron Holanda y comenzaron a apoderarse de la enseñanza y la prensa católicas para someter al pueblo. Tito Brandsma, nombrado entonces Asistente de la Unión de Periodistas Católicos, alzó la voz para denunciar la persecución contra los judíos de las escuelas católicas y el atropello total de la libertad religiosa por parte del nazismo. Los periodistas, animados por él, formaron un frente común contra el enemigo. Pronto empezaron los arrestos de sacerdotes. El 26 de enero de 1941, los obispos holandeses declararon (el mismo Tito había colaborado en la elaboración de la Carta Pastoral) que el nacional-socialismo era lo más opuesto a la enseñanza de la Iglesia Católica, y ello provocó una nueva ola feroz de persecución hacia católicos y judíos.

Fue detenido en enero de 1942, cuando trataba de persuadir a los periódicos católicos holandeses para que no incluyesen propaganda nazi en sus ediciones, contraviniento la ley nazi para los territorios ocupados. Después de haber sido prisionero en Scheveningen, Amersfoort, y Cléveris fue trasladado a Dachau el 13 de junio. En este campo de concentración vivían unos 110 mil prisioneros, de los cuales 80 mil encontraron la muerte. Tito llegó a conocer toda la brutalidad de régimen nazi: puñetazos, azotes con tablas y palos, patadas y otras torturas. Allí los sacerdotes católicos eran tratados como hombres de segunda clase; en las tres barracas que formaban este bloque habría aproximadamente 1600 eclesiásticos. En total se calcula que Hitler llevó a la muerte aproximadamente a unos 4 mil sacerdotes católicos.

Estamos en un túnel oscuro, pero hay que continuar caminando, al final la luz eterna nos rodeará.

No responder al odio con el odio, sino con el amor.

Se cuenta que su cuerpo ya moribundo, acostado sobre un saco de paja, fue utilizado para infames experimentos bioquímicos que practicaban médicos nazis. Se le oía decir: Señor, que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Después, era tal su estado, que perdió el conocimiento. Eran las dos de la tarde del 26 de julio de 1942. Una enfermera le aplicó entonces una inyección de ácido fénico que acabó con su vida.