Cardenal Jozsef Mindszenty

Imprimir

Hijo de magistrado y de familia de fuertes convicciones religiosas Jozsef se ordenó sacerdote a los 23 años y fue nombrado obispo al cumplir los 52, en 1944. Para estnoces ya había conosido la cárcel bajo el gobierno tanto de epublicanos como de comunistas. En medio de una Hungría ocupada por los nazis, Mindszenty encabezó un escrito de repulsa firmado por todos los obispos católicos del oeste, para exigir a su presidente que cesase su colaboración con Hitler, que ya había comenzado su plan de  tortura y exterminio del pueblo judío. A causa de esta carta, el obispo fue encarcelado y permaneció en prisión hasta la salida de los nazis en abril de 1945.

Tras el horror nazi, Hungría se vio de nuevo sometida por el horror de la Rusia estalinista y Mindszenty se situó de nuevo con los más débiles. Su fama había crecido durante la posguerra por sus obras de caridad y el apoyo de su diócesis a los más pobres; a medida que el Partido Comunista incrementaba su poder en Hungría, el resto de partidos políticos iba desapareciendo y la Iglesia se convirtió en la única oposición real al régimen.

Mindszenty volvió a saltar a la luz al oponerse frontalmente a la nacionalización de las escuelas católicas. Por este motivo fue juzgado y acusado de alta traición por un tribunal que empleó pruebas falsas y un régimen que llegó a envenenarle para forzar su confesión. El Arzobispo de Esztergom al contemplar la pasión de Cristo había encontrado su lema Devictus vincit. Vencido en apariencia, realmente vence. El 9 de febrero de 1949 concluyó el ignominioso proceso al Primado de Hungría; la sentencia fue cadena perpetua. El Papa Pío XII anunció la excomunión para todos aquellos involucrados en el proceso-farsa. En la carta apostólica Acerrimo Moerore, denuncia el caso. El Primado de Hungría fue sometido a dura prueba en sus fuerzas físicas y psicológicas; no vaciló ni su integridad moral ni su fe. Sufrió la tortura y la cárcel, pero no se cumplió su deseo: Ego debuissem mori in Hungria.

La vida de Mindszenty habría terminado en prisión de no haber estallado en 1956 la revolución húngara, que permitió al cardenal salir de prisión y liderar una fugaz transición hacia la democracia con una serie de discursos sobre la libertad y en defensa de la propiedad privada. Todo se cortó de raíz con la intervención de la Unión Soviética, que envió sus tropas para sofocar la rebelión y aniquilar toda esperanza de un futuro democrático en Hungría.

Antes de ser de nuevo apresado, Mindszenty pidió asilo en la embajada de Estados Unidos y permaneció allí durante quince años, hasta que fue liberado en 1971, tras un acuerdo entre la Santa Sede y el Gobierno comunista de Hungría. Tal vez el cardenal pudo ser liberado mucho antes, pero él insistió en permanecer en el país para que la opinión pública no olvidase el sufrimiento de los húngaros bajo el régimen soviético. Efectivamente no se cumplió su deseo: Ego debuissem mori in Hungria. Obedeció heroicamente cuando por el bien de la Iglesia el Papa intervino para liberarlo. En 1974, Pablo VI declaró vacante la sede Metropolitana de Hungría, a la que Mindszenty había renunciado de mala gana y no sin manifestar públicamente su desacuerdo con los intentos por parte del Vaticano de establecer alguna relación con el estado húngaro, esfuerzos que, finalmente, permitieron el nombramiento de algunos nuevos obispos.

El Arzobispo de Esztergom, antes de salir de su tierra, escribió al Vicario de Cristo: "Depongo humildemente este sacrificio a los pies de Vuestra Santidad, persuadido como estoy, de que el sacrificio más grave, pedido a una persona, resulta pequeño cuando se trata del servicio de Dios y del bien de la Iglesia". Una vez liberado fue a vivir a Viena, donde siguió ayudando a los húngaros que lograban salir del país.