la edad me hace ver a Jesús desde otro ángulo

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Hace poco acabé la carrera y empecé a trabajar. De allí hasta aquí, 38 años después, todo ha ido a mucha velocidad con hitos que marcaron ese camino. Uno de los últimos ha sido que mi hija me ha hecho abuelo y como soy varón, no me importa nada serlo, al contrario, me llena de orgullo mirar a mi hija con mi nieta en brazos, me hace recorrer ese camino de 31 años juntos y pensar en los próximos 31, si Dios así lo quiere, con esta nieta y los que vengan.

Porque cuando has sido padre, miras las cosas desde un ángulo y cuando de repente eres abuelo, descubres una nueva forma de ver las cosas, una relación distinta con ese regalo que Dios ha dado a tu hija y que por cercanía, también lo recibes tu.

Todo esto me vino a la cabeza el otro día; tras celebrar mi santo, el 25 de julio, el día siguiente se celebró san Joaquín y santa Ana, los que la Tradición dice que son los nombres de los padres de la Virgen y aprovechando, se nombra patrón de los abuelos. Pensando en ello, y ya como abuelo, me di cuenta de que siempre pensamos en cómo la Virgen crio, cuidó y acompañó a Jesus hasta la Cruz y tras su Resurrección y Ascensión. Forma parte del “imaginario” que todo cristiano tiene, pero hay otro ángulo, el de los abuelos de Jesús.

Ana y Joaquín, fueron abuelos desde la Anunciación y seguro que apoyaron a la Virgen en la Visitación. No recibieron la visita del ángel, pero estoy seguro de que, viendo la cara de la Virgen, la apoyaron y eso supuso saber del viaje a Belén, de la huida a Egipto y de muchas de las cosas que pasaron durante la vida no pública de Jesús y de la que sabemos poco.

Si la Virgen concibió a Jesús con unos 14 años y Él murió con unos 33, es muy poco probable que Ana y Joaquín vivieran la Pasión y muerte de Cristo, eso espero porque como abuelo, ser testigo de que tu nieto pasa por ese horror, aun apoyado por el Espíritu Santo, debe ser un trance para el que solo la Virgen estaba preparada. Y ver como tu hija está sentada al pie de la cruz, dolorosa esperando a que Le bajen de la cruz, sin poder hacer nada por ayudarla, generaría mucha rabia por la impotencia ante la Providencia. Pero si hubieran llegado a ese momento vivos, al menos habrán tenido la gloria de ver el triunfo del domingo, del sepulcro vacío, las vendas plegadas y la sábana testigo de lo que allí había pasado.

Ser abuelo es un regalo, no solo por tener nietos, me da una nueva forma de ver a Jesús de Nazareth, al Cristo de la Pasión, al Señor Resucitado.