Niégate a esa memada de la Nueva Normalidad

Imprimir

Es evidente que las opiniones que se vierten en un cuaderno de bitácora son las propias de quien las escribe y que no comprometen a quién lo aloja, pero siéndolo, es conveniente repetirlo. Y lo repito porque cada vez que oigo a alguien hablar de la Nueva Normalidad agarraría una palo grande y le daría en la cabeza, actitud muy poco cristiana; afortunadamente, no pasa dela parte más superficial de mi cortex. Y lo malo es que, ese término va calando entre los tontos, los lelos y los bienintencionados

Una de las diversiones del diablo y sus acólitos es jugar con las palabras; a estas alturas lo de matar a un indefenso, ya sea por aborto o por ancianidad ha sido rebautizado como derecho a elegir o muerte digna. Pues bien, lo de Nueva Normalidad está en esa línea. Una línea que tiene una dirección de círculos concéntricos que en espiral bajan hacia el infierno, como bien describió Dante.

Todo empieza por entender un concepto: ¿qué es la normalidad? Por no perder tiempo ni bytes, es la forma en la que vivíamos antes, lo que hacíamos con nuestra libertad en ejercicio mas o menos pleno en función del país en el que vivamos y en permanente conflicto con unos Gobiernos que lo que querían era regular cada vez más aspectos de nuestras vidas

El siguiente paso es definir otro concepto: ¿qué es nuevo? Si es nuevo es que es distinto a lo anterior. Parece básico. Y eso no es en sí malo; cada día hacemos cosas nuevas, porque así lo decidimos. Ayer empecé una dieta, mañana dejaré de fumar.

El tercer paso ya es preguntar algo más allá: ¿quién define “lo nuevo”? por que eso supone qué cosas tenemos que dejar de hacer y que cosas tenemos que empezar a hacer. Eso, ¿quién lo define? ¿Cada uno individualmente? ¿los padres respecto a sus hijos? ¿los directores de las empresas a sus empleados? Error, gran error. Lo decide un gobierno formado por socialistas sin principios asociados con comunistas.

Y como soy católico, me preocupa que los ateos asociados con los que odian a Dios diseñen una nueva normalidad en la que Dios es el enemigo a batir, las iglesias, lumbre para iluminar las noches y los creyentes, carne para las fieras.

Por tanto, os llamo a despertar y levantar vuestras voces contra ellos, ejercer la pacífica oposición, la negativa a aceptar y que sepan que nuestras almas y honor pertenecen a Dios y que no nos arrodillaremos ante ellos