Los hijos no son de los padres

Imprimir

Estamos viviendo una polémica tras las declaraciones de un ministro del gobierno social-comunista que ha dicho y repetido que los hijos no son de los padres. Ella, ministro del gobierno, que dice tener hijos, es decir, que sus hijos si son suyos, no como los tuyos.

Pero esta polémica tiene unos antecedentes en unas declaraciones del Papa que decía: “Todos los padres son custodios de la vida de los hijos, pero no propietarios y deben ayudarlos a crecer, a madurar

Lo peor no es la polémica, lo malo es que estamos todos enredados en la capa superficial de la discusión, esa capa en la que las palabras se mal-usan, mal interpretan generando una sensación de discusión cuando en realidad lo que se está haciendo en permear en los cerebros otros conceptos no tan evidentes.

A ver, muy poca gente, mejor, muy pocos padres creen que sus hijos no son suyos. Tal vez algunos educados en el marxismo en sus versiones folclóricas como el maoísmo, estalinismo, etc. Porque para ellos, los hijos no son de los padres si no del Estado.

El problema, y repito, la discusión no es la de la primera capa, es que nadie considera que ser, tener, significan propiedad en el sentido que se aplica a un coche, una casa, ipad. Muy pocos padres consideran que tienen los derechos inherentes a la propiedad sobre una cosa por una razón evidente, prácticamente todos padres quieren a sus hijos y dan su vida, su dinero, su tiempo, su sueño por ellos, lo que no hacen por sus casas, ipads o coches. La relación de, ser de, tener hijos o cualquier otra expresión, entre unos padres y sus hijos es distinta, radicalmente distinta y el hecho de que algunos padres vendan a sus hijos para la prostitución o la medicidad, no permite que nadie generalice la inversa. Y este es el error en las palabras del Papa, lo siento SS, la inmensa mayoría de los padres, cuando dicen “mis hijos”, lo dicen en un sentido distinto al de cuando dicen, “mi ipad”.

Pero los malos, son muy malos y listos. Esta evidente trampa, en realidad no es tal para ellos.

Aclaremos

El cristianismo y desde ello, el humanismo basado en el cristianismo, se basa en un concepto muy específico que no se da ni en el islamismo ni en las culturas orientales: la persona es digna por si mismo por ser creatura de Dios. Una vez que es digno, nadie puede ser propiedad de otra persona. De allí la lucha contra la esclavitud, por ejemplo, que costó muchos siglos erradicar de la sociedad occidental. Eso, lo llevamos dentro de nuestro modelo ético y legal.

Sin embargo, desde hace unos años, este concepto está siendo sutilmente atacado. El marxismo lo hizo de frente y fracasó. Pero los malos, que como digo, son más listos, han dado la vuelta a las murallas y comenzado a abrir brechas.

Yo soy dueña de mi cuerpo y por tanto, puedo deshacerme de ese montón de células y por tanto, abortar. Ese montón de células es un embrión humano, un feto o un bebe a punto de nacer.

Mi madre está fatal, cómo sufre la pobre y yo no tengo tiempo para cuidarla, seré caritativo y le aplicaré una eutanasia.

No soy heterosexual, me gustan los hombres, pero claro, tengo derecho a ser padre, a tener hijos, quiero adoptar uno. Por cierto, lo quiero blanco, rubio, sano…

He tenido una vida muy ocupada, tengo 45 años y ahora, he decidido ser madre. Quiero cuarto y mitad de semen de un hombre inteligente, guapo, con buena dentición para inseminarme y así, tener un hijo.

Seguro que se pueden plantear muchos ejemplos similares en los que puede verse que, en realidad, hay una corriente por la que se está rompiendo la premisa de la dignidad de la persona, los hijos, para insertar conceptos muy cercanos a la propiedad (en el sentido de propiedad sobre las cosas) y claro, una vez que una persona es propiedad, esta es impugnable por el Estado como se hace con ese huerto que es necesario expropiar para hacer una rotonda.

Cuando observas el debate con perspectiva, todo se ve más claro, de hecho, con más preocupación. Cuando un ministro social comunista dice que los hijos no son de los padres, es verdad, lo que dice es que los hijos son del Estado.

Y nosotros, cristianos, ¿qué hacemos? Recordar y trabajar para que la dignidad de la persona, como creaturas de Dios, hace imposible que una persona sea objeto de propiedad de nadie, en ningún momento de la vida.