Silencio.

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Llevo mucho tiempo sin escribir en el blog. No es pereza ni desapego, es solo…rabia sin contener. Por eso, he estado rumiando. Sin embargo, el silencio no arregla nada, solo ayuda a consolidar lo que está pasando.

Supongo que todas las generaciones pasan por momentos críticos, momentos en los que todo se derrumba, en los que no hay nada sólido. Mi padre se escapó de su casa para ir a la guerra con 17 años y mi madre nació póstuma, nunca conoció a su padre al que asesinaron en esa misma guerra antes de que ella naciera. No solo había guerra, su patria estaba destrozada por las peleas internas y los asesinatos, la intervención de los comunistas rusos por un lado y de los nazis alemanes por otro. Y su Iglesia martirizada.

¿Y nosotros nos quejamos?

Si, nuestra patria está siendo subastada como la túnica de Cristo; políticos sin honor ni principios lo hacen sin que haya enfrente políticos con coraje (ni principios) que se opongan.

La mentira domina la vida, si, igual que hace mas de 80 años cuando decían que los curas envenenabas caramelos y se los daban a los niños, para justificar el asalto a iglesias y conventos; eso si que eran “fake news” y las circulaban los periódicos.

Nuestros conciudadanos, convenientemente maleducados por un sistema en el que se gastan fortunas pero crea masas amorfas sin criterio ni opinión propia; eso acompañado de un sistema de subvenciones que motivan a vivir sin trabajar, hace de ellos un rebaño de cualquier animal que os pueda venir a la mente. Rebaños manejables por pastores sin escrúpulos.

¿Y la Iglesia?

En cisma, en pelea, con los bárbaros golpeando las puertas, esas que no prevalecerán pero esta vez, golpean desde dentro. Han conseguido controlar el mensaje y la gente bienintencionada (los fieles) les siguen; al fin y al cabo, son los mismos a los que el sistema educativo ha extirpado el criterio y el sentido del bien y del mal que es la base de la conciencia.

Todos los estamentos de la Iglesia en abierta oposición con lo que se ha dicho hasta ahora (la Tradición), tratando de abrir lo que ya está cerrado ex catedra (ordenación de mujeres) o cerrado solemnemente (ordenación de casados), la existencia de pecado, la catolicidad frente al localismo, todo porque ahora mandan ellos.

¿Qué nos queda? ¿Qué podemos hacer? ¿Callar?

No, pelear. En cada ámbito, la pelea adoptará una forma, evitando la violencia física, evitando el odio, pero con firmeza. No rendirse y no dejarse allanar. Ni salir huyendo ni aceptar la sumisión.

Si un cardenal, obispo o sacerdote dice algo contra el Magisterio, se le contradice, con respeto y educación, pero se le contradice.

Si se inventan un nuevo pecado y derogan otros, se sigue cumpliendo con la conciencia.

Si el superior de una Orden creada para defender la Iglesia de le herejía protestante dice que no hay infierno y que las grabadoras son el único método de transmisión de la Palabra, repudia

Si no estás de acuerdo con la gestión de tu parroquia, retira tus donativos, si no lo estás con tu Iglesia nacional, retira la cruz en la casilla de tu IRPF pero ayuda a tus sacerdotes directamente.

Si no estás de acuerdo con el incomprensible silencio del Papa en determinados temas o con el lenguaje buscadamente confuso en otros, si no entiendes porqué no corta de raíz determinadas iniciativas o porque no es el primero en tirar al Tíber algunos ídolos de madera, no vayas a Roma a sus actos, no des limosna el día de Óbolo de San Pedro pero nunca le critiques en público y menos delante de los no creyentes.

Pero pelear no es solo eso, es también, apoyar a los valientes que cada día desde el púlpito, desde sus homilías on line o en los despachos parroquiales, resisten los embistes del toro modernista que, como decía, quiere derribar las puertas para todos caigamos en el infierno.

Lee y fórmate; todo está on line. Lee el catecismo, lee las Exhortaciones de los Papas, todo está accesible y si no eres capaz, llama o escribe a un sacerdote Franciscano de María para que te ayude. Por que la ignorancia no libró a los contemporáneos de Noe ni a los amigos de Lot.

Y también, como dice el Evangelio de hoy ((lc 21, 5-19),”… pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio…” Es decir, prepárate para la persecución por Su Nombre, pero nunca calles

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