Gloriar

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Llevo tiempo dándole vueltas a un concepto que no acabo de cuadrar, y me da mucha rabia porque cada vez que me asomo a las Escrituras, salta y me recuerda que hay algo que no entiendo. Para colmo, leyendo me encuentro con un texto de san Juan de Ávila que me remata: “El que no sabe de amor no entenderá qué cosa es la gloria”

El concepto que me atormenta es la gloria, gloriar, glorificar y tantas derivaciones en torno a lo mismo que, tanto en el AT como en el NT aparecen con frecuencia.

Así, a bote pronto, el tal problema parece no serlo: glorificar a Dios es, …, dar gloria a Dios. Si, pero ¿qué es dar gloria? A base de repetir la palabra hasta me suena desconocida. Porque glorificar no es orar, no es rezar, no es hablar con Dios. ¿se trata entonces de alabar?

Buscando, encuentro un texto de mi añorado BXVI (Audiencia de 20 junio de 2012) “San Pablo usa el verbo «euloghein», que generalmente traduce el término hebreo «barak»: significa alabar, glorificar, dar gracias a Dios Padre como la fuente de los bienes de la salvación, como Aquel que «nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos

Entiendo el origen pero no me basta así que sigo en internet y la búsqueda arroja muchos resultados en los que encuentro textos que, en lugar de aclarar, confunden, sigo iterando en torno a que si es alabar, dar gracias, adorar pero todos esos conceptos me parecen incompletos, glorificar debe ser más que todo, los textos así me hacen pensar, así que decido dar un salto, pasar esta categoría divina a un plano humano: ¿qué hacemos los hombres que se pueda parece a glorificar? ¿Lo que sienten los aficionados al futbol por Cristiano o Messi? ¿lo que sienten los aficionados al tenis por Nadal o Federer? ¿los amantes de los toros por José Tomas?

Pues eso llevado al infinito debería ser gloriar a Dios y de repente caigo en que he tratado de describir, de entender intelectualmente un concepto que es más que eso porque incluye la emoción, el corazón. Por muchos complementos que meta a la explicación, falta lo más importante que está contenido en el misterio, en el asombro que Dios nos produce y que mi práctica religiosa se ha ido alejando de la emoción y por tanto, al caer excesivamente en la razón, me veía incapaz de dar gloria a Dios en la inmensidad de la definición de ese concepto.

Dar gloria a Dios, glorificarnos en Dios, glorificar a Dios con nuestras vidas y con nuestros cuerpos; tantas y tantas expresiones que oímos y que no entramos en su profundidad. Porque como decía san Juan de la Cruz, místico entre los místicos, el que no sabe de amor no entenderé qué cosa es la gloria.

¡hay tanto que aprender, hay tanto que entender!