Silencio, se rueda

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La frase que da título a esta entrada es bien conocida, todos en el escenario de rodaje debe cuidar de no hacer ruido para que no interfiera en la grabación del sonido de una película. Pero también hay otros muchos ejemplos de silencio requerido y respetado.

Recientemente he asistido a un partido de tenis de un campeonato que se celebra en Madrid y, antes del saque del tenista, el juez pide silencio e incluso, que la gente se siente, que no se mueva. También fui a una corrida de toros; cuando comienza la lidia, nadie puede entrar en las gradas, debe esperar hasta el siguiente toro. Y aunque parezca que llevo una vida muy variada, cosa que no es verdad porque trabajo como una mula, también asistí al Auditorio Nacional, a oír una Pasión según San Juan de JS Bach. Cuando la orquesta, los solistas y el director ocupan sus puestos, una elegante megafonía recuerda que es obligatorio apagar los móviles. No solo eso, un pobre espectador sufrió un ataque de tos, de esos que solo te dan cuando estás en estas circunstancias y el Director paró el concierto, se dio la vuelta, le miró y el pobre, que no sabía dónde esconderse, salió de la sala avergonzado.

Seguro que cada uno tiene otros ejemplos en los que el silencio, la compostura, el no entrar y salir antes de tiempo se respeta a rajatabla.

Entonces, ¿porqué en cada Misa hay una señora mayor que se deja el móvil con el politono más pintoresco que te puedas imaginar a todo volumen? O, ¿porqué hay gente que contesta Wupps en la Consagración?¿o pasan por delante del Sagrario sin hacer un gesto de respeto? ¿o entran y salen durante la homilía despistando al cura y al resto de los feligreses?

Y qué decir del vestuario. Está bien que el velo y la peineta son de otra época, pero el pantalón bajero que enseña lo que ya no es espalda…

Los católicos hemos perdido el sentido de la sacralidad de la Misa. Hemos hecho de la Misa una fiesta del pueblo en la que el cura se ha dado la vuelta para mirarnos pero sin darnos cuenta de que ahora da la espalda a la presencia real y sacramental de Cristo en el Sagrario.

Si respetamos a un tenista o a un solista, cómo no vamos a respetar la Palabra, el Gloria o humillar la cabeza y la rodilla cuando Cristo se nos vuelve a presentar en medio de los reunidos en la Consagración.

Anda que no tenemos cosas que mejorar antes de criticar a los curas