Spam

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Los medios de comunicación personal han cambiado radicalmente la forma en la que nos comunicamos. Algunas cosas son peores y otras mejores. Se ha perdido contacto personal, contacto directo, se ha ganado inmediatez, ubicuidad.

Uno de los grandes cambios es la capacidad que todos hemos ganado de comunicarnos con grupos. Antes, eso era territorio acotado, solo grandes empresas podían imprimir diarios y difundirlos, solo ellas podían tener estaciones y cadenas de radio, solo los influyentes conseguían licencias de TV. De esta forma, unos pocos se dirigían a muchos en una comunicación unilateral: éramos oyentes, audiencia, lectores y nuestro único desahogo era, de vez en cuando, escribir cartas al Director.

La aparición de la telefonía móvil inteligente, en conexión con la generalización de internet ha dado la vuelta a esta situación y de hecho, tras tantos años de manipulación (creación de opinión, dirían ellos), la genta da más valor a lo que es “no institucional” que a los medios tradicionales.

En FdM hemos sabido aprovechar este factor con webs de información y formación, emitiendo la Misa para que cualquiera que esté incapacitado de ir físicamente pueda encontrar un remedio (para evitar dudas, como regla general, la Misa on line no cubre el precepto de la obligación de ir a Misa). La última evolución es el Whatsupp en el que diariamente puede oír la Lectura del Día y recibir una breve catequesis de unos minutos, algo que tampoco sirve como Misa pero para mí, que trato de ir todas las mañana, me complementa y me da otra excusa, otros minutos de recogimiento.

Como como de todo hay, el Wupp también ha abierto la puerta a una proliferación de cadenas de mensajes. Tengo algunos amigos que son verdaderos difusores de mensajes, contra lo que ocurre en Cataluña, contra la Memoria histórica, contra las feminazis. Otros mandan cadenas de oraciones por temas concretos, ya sea enfermos o situaciones desesperadas.

Como es algo relativamente nuevo, no hemso sido capaces de desarrollar un protocolo ante estos casos. ¿debo reenviarlo? ¿a quién? ¿a todos mis contactos o solo a los del bando? ¿si no lo hago es porque soy cobarde, perezoso o simplemente porque no se espera de mí que lo haga? ¿se espera de mí una contestación, un comentario o basta con un emoticono?

Yo he optado por no hacer spam. Ni chistes, ni cosas sagradas. Con excepciones muy contadas. Cadenas con treinta o cuarenta personas, todas contestando con un texto o un emoticono generan un tráfico de sonidos y una pérdida de concentración que yo he optado por se parco. Espero no caer en la mala educación, no lo pretendo. Por eso apelo a la necesidad de un protocolo; lo que es admisible lo inadmisible en estas nuevas formas de comunicación.