El problema que tenemos es, que no sabemos qué problema tenemos

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Esta frase (ligeramente modificada de la original) es la que me ha estado persiguiendo mientras leía lo que se publicaba como resumen de las rees que se han mantenido para analizar y proponer acciones en lo que se llama la crisis de los abusos dentro de la Iglesia.

Debo empezar diciendo que lo que se, lo se de fuentes terceras, páginas de noticias de religión, etc. Por tanto, si hay algún error debo disculparme. Y que ninguna otra Institución ha hecho los gestos de contrición que hace la Iglesia, ni la federación de profesores de gimnasia, ni la de padres alcohólicos ni el 99% de los casos que corresponden a abusos de menores cometidos por no consagrados.

Pero, desde el inicio puede verse que la reunión no podía salir bien.

Empecemos por el título: Encuentro sobre la Protección de los menores en la Iglesia. El título debe servir para que los que participan en un Encuentro, se preparen y vengan cargados de argumentos, experiencias, testimonios y propuestas en torno a ese tema. Por tanto, el título excluye, primero, a todos aquellos que no son menores de edad. En función de las regulaciones locales, la mayoría de edad se alcanza a una u otra edad, pero aceptemos que menor es aquel que no ha cumplido los 18 años. Por tanto, no hay que buscar experiencias, testimonios ni traer propuestas para aquellos casos en los que el sujeto de abuso era mayor de edad. ¡Brillante!

Es decir, el vector que dirige toda la acción es la edad. Y en parte es así, un crimen contra un menor es especialmente grave por su indefensión, de ahí el delito no derogado en España, pero nunca aplicado, de corrupción de menores. Y agravado de nuevo por el abuso de autoridad y confianza depositada en un maestro o en un sacerdote, como así pasa en la nunca aplicada legislación española. Por tanto, parece que todos los casos de abusos tienen mucho en común con una violación; habrá mediado fuerza o intimidación.

El problema es que, si son ciertos los datos que se han publicado, falta otro vector esencial: el 80% de los casos denunciados son de naturaleza homosexual y el 20% de naturaleza heterosexual. Es decir, que religiosos varones han abusado de menores varones. Y como quiera que el asunto va más allá de los 18 años, parece que el título, el vector principal del Encuentro no debería ser la edad si no la homosexualidad, es decir, ¿qué debemos hacer para evitar que, consagrados con pulsiones homosexuales, las controlen y honren su voto de castidad? Y también podríamos ampliar el alcance para cubrir ese otro 20% de casos de forma que otros consagrados también honren su voto de castidad heterosexual. Y de nuevo, como se han cerrado las puertas por la edad, obvian el otro factor, no todos los casos son de abusos; muchos son consentidos, repetidos y buscados

Y claro, lo que empieza mal, acaba mal. De nuevo, salvo que lo leído sea incorrecto, las dos medidas maestras que nacen del encuentro son: luchar contra el clericalismo y más sinodalidad. Es decir, quitar poder al Papa y a Roma y degradar el orgullo de ser sacerdote, del que algunos abusan.

Es como si hubieran decidido dar aspirina a los abusadores que en realidad son personas a las que han borrado la conciencia e incluso les ha hecho ver que su homosexualidad no va contra la castidad. He leído alegatos de algunos que creían que la castidad era solo el celibato ¿Qué ha pasado en nuestra Iglesia para que un sacerdote, que debe formar y guiar nuestras conciencias de acuerdo con la Ley de Dios diga que ser casto es lo mismo que célibe?

Es una prueba de que no sabemos lo que nos pasa.

Este Encuentro ha evitado estudiar el problema de la homosexualidad, no lo ha mencionado cuando es estadísticamente un tema muy relevante, más que la edad, por tanto, las medidas que se tomen serán parciales, poco efectivas y mantendrán en statu quo actual, en el que lobby gay es tan poderoso que ha conseguido que no se hable del tema así que, mientras no se recuerde que la castidad es un deber para todos, y no solo los laicos, mientras no se diga que la homosexualidad es una forma agravada de falta de castidad y mientras no se diga que la homosexualidad con un menor es una forma agravada de lo que ya esa una forma agravada de pecado contra la castidad, esto seguirá pasando.

Pero para que esto sea así, deberá desaparece el lobby gay ya sea por arrepentimiento y perdón o por pasarlos al estado laical y que monten su propia iglesia con sus propias normas. Dios nos ha dado otras.

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