Génesis 1. 1-8

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Justo unas horas después de acabar un año, unas horas después de empezar el siguiente, me voy al Génesis para leer la Creación. Por mucho que lo intentemos de evitar, el cambio de año afecta al ánimo, unas veces para bien y otras para mal. Es un momento de recordar, de olvidar y de recobrar el optimismo o de agradecer los bienes recibidos.

Gen 1. 1-8

“1 En el principio creó Dios el cielo y la tierra.

2 La tierra era caos y vacío, la tiniebla cubría la faz del abismo y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.

3 Dijo Dios: — Haya luz. Y hubo luz.

4 Vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de la tiniebla.

5 Dios llamó a la luz día, y a la tiniebla llamó noche. Hubo tarde y hubo mañana: día primero.

6 Dijo Dios: -- Haya un firmamento en medio de las aguas que separe unas aguas de las otras.

7 Dios hizo el firmamento y separó las aguas de debajo del firmamento de las aguas de encima del firmamento. Y así fue.

8 Dios llamó al firmamento cielo. Hubo tarde y hubo mañana: día segundo.

La Creación supuso un principio en el que Dios creó cielo y tierra, pero como todo era caos y tiniebla, Dios creó el tiempo. En el infinito el tiempo es innecesario, ¿para qué medir lo que no tiene fin?, pero para lo creado, el tiempo es orden.

Aparece la luz que oculta a la tiniebla y empieza el primer círculo, la luz y la tiniebla construyen el día y cada círculo es tiempo, se mide por la aparición de la luz, el alba y la aparición de la tiniebla, el ocaso.

El hombre se dio cuenta pronto de este concepto circular del tiempo y trató de racionalizarlo, medirlo, usarlo, como forma de evitar “el caos y el vacío” que cita el Génesis. El hombre necesita el tiempo porque pronto, muy pronto, descubre que es escaso y que corre a gran velocidad. Y cada cultura ha tratado de domesticarlo con la astronomía para así anticipar las épocas de siembra, cosecha, las lluvias o los calores.

Los cristianos estamos orgullosos del tiempo y los días están llenos de Horas, Laudes, Maitines, Angelus, Vísperas y una serie de rutinas que marcan el ritmo del día y que construyen un círculo que quiere gloriar al Señor.

Pero los cristianos, tenemos una concepción del tiempo más compleja, no solo circular si no también lineal, que es la base de la historia, de la Historia de la Salvación. Al círculo del día le sigue le círculo de la semana, el que está constituido por los siete días que separan cada día del señor, cada domingo, cada día consagrado al Señor. Es el segundo círculo construido sobre la base del círculo diario. Y el conjunto de semanas agrupadas en las diferentes etapas del año (Navidad, Cuaresma, Pascua y Adviento) hacen el gran círculo, el año. Estos tres círculos lo son porque se repiten una y otra vez, y corren paralelos a nuestra vida; las cosechas, los impuestos, los cumpleaños, las revisiones médicas, todo ello es un círculo que se arrastra en el tiempo de forma lineal (no necesariamente rectilínea) hasta el final de un gran círculo que es la vida: nacemos, crecemos, somos padres, envejecemos y morimos para nuestros hijos sigan construyendo su propio círculo.

Todo esto lo podía aceptar un agnóstico o incluso un ateo combativo, en eso estamos iguales. La diferencia, la gran diferencia entre nuestro tiempo y el de ellos es que, sabemos, creemos que tras la vida en la tierra, rompemos las limitaciones de la Creación y, si hemos sido justos, conoceremos a Dios y con Él viviremos por los siglos de los siglos, tal y como era el Diseño antes del Pecado Original.

Todo esto tan complicado y tan rebuscado, pensaba, tiene que se para algo. Si hasta las antipáticas medusas del mar tienen una finalidad en la creación, estos círculos, creados por Dios ¿para qué sirven? No se si lo que voy a decir es verdad, pero es lo que me vino a la cabeza en Misa en la iglesia del Monasterio del Escorial.

Cada círculo que acaba y cada uno que se inicia deben servir para dar gracias a Dios por tener otra oportunidad de ser mejores y para arrepentirnos y pedir perdón a Dios que nos manda su Misericordia. Día a día. Semana a Semana. Año a año.

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