Tabúes

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De la Real Academia Española de la Lengua:

tabú. ‘Prohibición de tocar, mencionar o hacer algo por motivos religiosos, supersticiosos o sociales’ y ‘cosa sobre la que recae un tabú’. Su plural es tabúes o tabús.

Todas las sociedades tienen temas tabú, asuntos sobre los que es mejor ni hablar y como bien dice la RAE, la razón para no hacerlo puede ser superstición, religión o bien, usos sociales. Los albinos entre las poblaciones de África son tabú por su rareza. El Nombre sobre todo nombre, Yahveh, y otras formas de llamar a Dios sin mencionarlo eran otras formas de tabú. En sociedades de hace unos años, el divorcio era tabú como lo era la homosexualidad. Era mejor no hablar de ello aunque pasara y la presión social hacía que el número de divorcios y homosexuales fuera menor.

Ahora estamos en otro momento, en el que muchos tabúes se han roto e incluso se han invertido. Lo chulo es ser homosexual y el divorcio exprés te lo extienden casi, en una máquina de vending. Pero también han aparecido otros tabúes que, sorprendentemente son los mismos pero al revés. No se puede defender el matrimonio indisoluble, no se puede decir que la homosexualidad es antinatural o que es una enfermedad que en ciertos casos se puede curar.

Romper los tabúes es un proceso inteligente para conseguir que algo inaceptable pase a aceptable y de ahí, a normalizarlo, incluso a imponerlo. Lo hemos visto en muchos casos y, a parte del mencionado, ya hemos visto cómo hemos perdido la batalla del aborto y como estamos peleando por la eutanasia.

Pero no pensemos que esto solo se aplica en la vida “civil”. En los últimos años hemos asistido a varios debates en la Iglesia, el primero (falsamente) centrado en la comunión de los divorciados y recientemente en la pérdida de voto de castidad del clero, sobre todo si es homosexual. El mero hecho de hablar de ello abiertamente ya ha supuesto que se empiece a “normalizar” no solo estos dos puntos si no que se ponga en entredicho conceptos más amplios y profundos:

¿es la falta de castidad un pecado?

¿es el matrimonio indisoluble?

¿pueden las circunstancias personales hacer que un mal, no sea tal mal?

¿hay realmente pecado o Juicio?

¿se pueden reinterpretar las palabras de Jesús o poner en duda que las dijera?

Es decir, el éxito del Demonio en los dos últimos Sínodos no está tanto en textos ambiguos, párrafos poco concluyentes, notas a pie de página que contradicen el texto, discontinuidad con un Magisterio ininterrumpido de 2000 años. El éxito es que el mero debate ya ha inoculado el virus y los fieles nos acostumbramos a oír que tal sacerdote no solo no es casto si no que vive “arrejuntado” con otro mozo como antes se aceptaba que la barragana tuviera derechos hereditarios sobre el sacerdote del que cuidaba.

Una sociedad no puede vivir sin tabúes. Nuestra fe debe tener tabúes y si pierde unos, los sustiturá por otros.