esto no va de mejillas

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Ayer. lunes 18 de junio, leímos uno de los textos Evangélicos más citados. Mas citados por los que odian nuestra fe y los que la desprecian, Mateo 5, 38-42.

“Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.”

La escena se repite desde hace poco menos de 2.000 años y se representó por primera vez (involuntariamente) durante la Pasión de Cristo tal y como lo relata San Juan en 19, 19-23.

El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió: «He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto.

¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho».

Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: «¿Así respondes al Sumo Sacerdote?».

Jesús le respondió: «Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero se he hablado bien, ¿por qué me pegas?

Podemos imaginar que aquel soldado del Sumo Sacerdote había oído hablar de la enseñanza y la había interpretado como hoy hacen los que nos odian o desprecian. Y también podemos imaginar su sorpresa cuando Cristo ya sangrante y golpeado, le miró y sin odio pero con firmeza le pidió explicaciones: “si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿Por qué me pegas?

La lección no está solo en poner la mejilla, la lección se completa con la justicia y la firmeza. Lección que hoy deberíamos recordar porque en los ciclos de la historia, hoy dominan los abusones, los herederos directos del soldado del Sumo Sacerdote. Aquellos que ya de palabra o de obra, agreden e intimidan a los mansos (y a los acomodaticios)

Si leemos lo que pasa en la sociedad, todo valor llamado tradicional, es insultado, denigrado: patria, familia, castidad, austeridad. Conocemos porque lo vivimos de cerca, el caso de España, nación inexistente según los que mandan, pero qué decir de Venezuela con Maduro o Colombia con el infame pacto con las FARC (en el que de paso metieron la ideología de género…)

Por tanto, a los católicos nos pueden insultar sin problemas. Lo último (que no significa que venga más) es meter blasfemias en los doblajes de películas. Hay una escena y en el doblaje al español meten una blasfemia que haría temblar a un estibador del puerto de Algeciras, cambias al modo versión original y lo que el actor dice es un taco sonoro pero sin connotaciones religiosas. Brutal.

No apelo a la rebelión y al levantamiento, apelo a poner las cosas en su sitio. Apelo a decir a ese gañan, me ofende tu blasfemia. No votar a ese partido político que no ha reformado la Ley del Aborto, ni de la promoción de la ideología de género o de la falsa memoria histórica. Apelo a hacer públicas nuestras ideas, que se nos vea.

Porque, si obramos bien, ¿por qué nos pegáis?