Fe, diálogo y misión

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La Universidad Urbaniana tiene sus orígenes en el Colegio misionero de la Propaganda Fide, fundada en 1624 por el sacerdote español Juan Bautista Vives y Marja, es una institución de enseñanza superior de la Iglesia y está especializada en la formación del clero misionero y estudiantes en territorios en misión o en las jóvenes iglesias, con sede en Roma.

 

 

 

Con ocasión de la inauguración de un aula magna que lleva su nombre, Benedicto XVI les hizo llegar un mensaje que ha sido muy elogiado. Pueden leer la muy acertada rápida reseña que publicó el padre Santiago Martín, aquí.

 

 

Benedicto ha sido un Papa muy apreciado por su claridad expositiva, por sus mensajes fundamentados pero accesibles a gente sin excesiva preparación y "adelantados" a su tiempo. Recordemos que septiembre de 2006, leyó una conferencia en Ratisbona injustamente deformada en la que adelantó el drama que viviría pronto el Islam, su necesidad de separar Religión y Vida Secular, para lograr una convivencia pacífica, problema que el cristianismo logró resolver hace siglos.

 

¿Pero todavía sirve? Se preguntan muchos hoy dentro y fuera de la Iglesia ¿de verdad la misión sigue siendo algo de actualidad? ¿No sería más apropiado encontrarse en el diálogo entre las religiones y servir junto las causa de la paz en el mundo? La contra-pregunta es: ¿El diálogo puede sustituir a la misión? Hoy muchos, en efecto, son de la idea de que las religiones deberían respetarse y, en el diálogo entre ellos, hacerse una fuerza común de paz. En este modo de pensar, la mayoría de las veces se presupone que las distintas religiones sean una variante de una única y misma realidad, que ‘religión’ sea un género común que asume formas diferentes según las diferentes culturas, pero que expresa una misma realidad. La cuestión de la verdad, esa que en un principio movió a los cristianos más que a nadie, viene puesta entre paréntesis. Se presupone que la auténtica verdad de Dios, en un último análisis es alcanzable y que en su mayoría se pueda hacer presente lo que no se puede explicar con las palabras y la variedad de los símbolos. Esta renuncia a la verdad parece real y útil para la paz entre las religiones del mundo. Y aún así sigue siendo letal para la fe.

 

En efecto, la fe pierde su carácter vinculante y su seriedad si todo se reduce a símbolos en el fondo intercambiables, capaces de posponer solo de lejos al inaccesible misterio divino.

 


 

Estas palabras de BXVI en su discurso han removido muchas conciencias. Mucha gente biempensante que ha procurado frenar el (escaso) ímpetu misionero católico actual se ha sentido aludida. Pero debemos pensar siempre que BXVI es un maestro que se adelanta a los sucesos y gusta de repetir a sus limitados alumnos sus saberes. Revisando lo que el Papa emérito dijera de los santos apóstoles Simón y Judas Tadeo, cuya fiesta ayer celebramos encuentro lo siguiente fechado en octubre de 2006.

 

En medio de todas las tentaciones, con todas las corrientes de la vida moderna, debemos conservar la identidad de nuestra fe. Ciertamente, es necesario seguir con firme constancia el camino de la indulgencia y el diálogo, que emprendió felizmente el concilio Vaticano II. Pero este camino del diálogo, tan necesario, no debe hacernos olvidar el deber de tener siempre presentes y subrayar con la misma fuerza las líneas fundamentales e irrenunciables de nuestra identidad cristiana.