Un año de renuncias

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Hoy se "celebra" el primer aniversario de la renuncia de BXVI al papado. Tras su renuncia hubo cónclave y tenemos un nuevo Papa. ¡Ha muerto el rey, viva el rey! Pero yo me siento huérfano y esta orfandad no me la quita SS Francisco ni en sus días más entonados. Supongo que la razón es doble (por lo menos). Por una parte añoro a Josef Ratzinger, mi Papa, el que me ha marcado por encima del resto. Verle, escucharle, leerle es un placer que en presente no podré volver a tener, y es más triste al saberlo vivo y con la mente en condiciones. La otra razón es por el terremoto intelectual que supone que un papa dimita. Mi madre jamás dimitiría de su maternidad y morirá considerandose tal hacia mi, y mimandome aunque yo esté ya talludito y tenga mis propios hijos. Veía lo mismo en el Papa, vi lo mismo en Juan Pablo II, que sufrió más aún por morir cuidándonos. Por ello, no me recupero.

Pero BXVI ha conseguido, sin querer, que algunas de sus palabras escapen de su retiro. Es triste que sepamos más de ciertas monjas de clausura que de él, cuya vida no es de clausura. Y de las pocas y sabias palabras que nos han llegado os traigo algunas que dijo en un sermón a su antiguo grupo de alumnos. Ójala publique pronto más cosas,o deje al menos para después de su muerte muchos textos para nosotros.

"Cada uno en la vida quiere encontrar el puesto justo. ¿Pero cuál es realmente el lugar justo?"

"Quien en este mundo y en esta historia quizás se empuja hacia adelante y llega a los primeros puestos, debe saber que está en peligro; tiene que mirar aún más al Señor, medirse con Él, con la responsabilidad hacia los demás, debe volverse una la persona que sirve, que en realidad está sentado a los pies de los otros, y así bendice y a su vez se vuelve bendito".

Quien así piensa, es lógico que renuncie el día de la Virgen en su advocación de Lourdes, tan servidora nuestra.