El caso "Arregui" como paradigma

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Aránzazu

Los localismos, cuando reflejan estados generales, resultan apropiadísimos para explicar fenómenos extendidos. Por ello quisiera hablar hoy de uno muy concreto. Es el denominado caso Arregui, de corta vida y que pronto se olvidará.

Los antecedentes. En una provincia de España, Guipuzcoa, cuna de San Ignacio de Loyola, se halla un santuario mariano de relevancia en manos de los franciscanos. Los franciscanos vascos son sin duda una de las órdenes que con mayor ímpetu y ardor, han abrazado lo que comúnmente se entiende como progresismo eclesial. Tanto su lenguaje verbal (Dios Padre-Madre, fe adulta, laicado comprometido…) como el no verbal (desaparición del hábito, sobriedad, casi jansenista, iconográfica en sus templos) marcan unas pautas claras y que no dejan lugar a engaño.

 

Entre dichos franciscanos había uno que desconocido para gran parte de los creyentes vascos, resultaba ser una cabecilla y un teólogo de referencia. Dicho franciscano, el padre Arregui, resultaba ser de los que no gustan ni de callar ni de obedecer, al entender que de su boca mana sabiduría y opinaba de cuanto quería. Resulta que hace bien poco, fue nombrado obispo de su diócesis un sacerdote guipuzcoano obispo de Palencia, y bien conocido por entender la Iglesia de manera opuesta al franciscano. Pues bien, nuestro querido religioso en compañía de otros muchos se rebeló contra el nombramiento y montó lo que más puede parecerse a una rebelión intraeclesial. Como el obispo es sabio, de fuerte personalidad y con mando en plaza (Roma le apoya) la rebelión quedó en casi nada.

Aún así el franciscano lanzó una serie de bulos e infundios que terminaron por enfadar al obispo. Éste exigió silencio y que no predicara al franciscano durante un tiempo. La Orden, con dolor, pero sabiendo que el obispo tenía la razón (y la autoridad) exigió el cumplimiento de dicha exigencia. El franciscano se negó y decidió abandonar la Orden. Tras ciertas contradicciones anuncia que también abandona el sacerdocio.

¿Qué ha ocurrido en el fondo? Pues lo visto muchas veces. Algunos religiosos y sacerdotes se consideran parte de la Iglesia mientras les dejen hacer de su capa un sayo. Les gusta ser sacerdotes mientras puedan adiestrar a los fieles en “sus” teorías, obviando lo que la Santa Madre Iglesia dispone. Y cunado son, por fin, llamados al orden, se rebelan y abandonan su vocación (supuesta). Ahora se dice que además de escribir en diarios (mientras dure su efímera fama, pues fuera de la Iglesia pronto será olvidado) dará clases de ¡teología! En la universidad jesuíta de Deusto. No entiendo la prisa que se dan algunos en la Iglesia para dar cobijo y altavoz a los disidentes.

Algunas "ingeniosas" declaraciones de Arregui en su despedida:

Iba a titular este artículo "Soy laico". Ahora que, por motivo de doctrinas e interpretaciones que nunca debieron habernos traído hasta aquí, he iniciado el doble proceso de exclaustración (abandono de la "Vida religiosa") y de secularización (abandono del sacerdocio), quería brindar por mi nuevo estado y decir: "Me honro de ser laico por la gracia de Dios. Me alegro de ser uno de vosotros, la inmensa mayoría eclesial".

Pero debo corregirme en seguida. ¿Laico? No, realmente no soy laico ni quiero serlo, pues este término sólo tiene sentido en contraposición a clérigo y siempre lleva las de perder. No soy laico ni quiero serlo, porque ese nombre lo inventaron los clérigos -que nadie se extrañe: siempre han sido los poderosos quienes han impuesto su lenguaje-. No quiero ser laico, que es como decir cristiano raso y de segunda, cristiano subordinado.

Un jesúita español le apoya desde la prensa del siguiente modo:

Los que abrimos el corazón a un Dios mayor y queremos sacarlo  de ese corral de catecismo parvulario tan lejano a los horizontes de Galilea, te abrimos los brazos a ti amigo  Joxe Arregui y a cuantos buscan la verdad en conciencia y libertad.