24 horas después

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Han pasado 24 horas desde que escribiera unas doloridas líneas. He escuchado mucho, leído más y meditado aún más, respecto a la decisión del Papa. Permítanme ponerlas aquí por escrito.

Lo primero que quisera decir es una repetición. "Partamos de que su intención es la mejor. Pocos amaran con mayor ternura a la Iglesia que el Papa. Toda una vida entregada a su servicio, con un enorme sacrifico personal (físico, mental y de fama). Por ello dudar de sus intenciones es deshonesto." Esto lo dije desde el amor al Papa. Mis críticas son indisolubles de dicho amor.

Se da un curioso caso de acrítica persistente en los católicos ante el Papa. De JPII nos pareció increíble, soberbio, fenomenal que aguantara hasta el último minuto en su cargo, con el costo personal que supuso. A mi dicha decisión y su manera de afrontar esa etapa final de su vida fue la que me abrió los ojos a un pontífice por el que no sentía especial afinidad. BXVI decide dar un paso atrás y abandonar el cargo. Pues lo mismo, nos parece increíble, soberbio, fenomenal el caso opuesto. Pues yo no opino igual en ambos casos. No tiene sentido. Excepto que haya razones que el Papa de momento haya querido ocultarnos y justifiquen la decisión (como un agravamiento de su salud mental).

Se pone mucho énfasis en su delicado estado de salud y de su incapacidad para realizar viajes, que tienden a ser largos y pesados. Desde JPII tenemos la equivocada idea de que el Papa deb ir por el mundo mostrando su carnalidad. Me resulta inconcebilble que teniendo internet en el móvil y estando quien más quien menos permanentemente online, precisemos de la visita del Papa a nuestra ciudad o país para sentir su cercanía. Lo que necesitamos es un Papa que ejerza. Si para ello no puede apenas salir de Roma, no pasa nada. Afortunadamente el capitalismo nos ha concedido la oportunidad de viajar a Roma por relativo poco dinero. Quien precise ver al Papa en persona se acerca al Vaticano y lo verá en su balcón a la hora del ángelus. No forcemos al Papa a ser un showman viajero. No forma parte del Circo del Sol, su papel es otro.

Yo entiendo el papado como na vocación. No es un cargo que deba ser aceptado a la ligera. Pero su aceptación conlleva un sacrificio personal enorme. No se puede uno jubilar. Así se ha entendido desde hace siglos (aunque el derecho canónico permita la renuncia) y así es bueno que sea, para evitar (entre otras cosas) que un Papa sea forzado a la renuncia. ¿Hay mejor ejemplo y modelo para los consagrados, para todos los que cumplen con su vocación, que la de un Papa que se sabe limitado, que se deja la salud por mantener una fidelidad petrina?

Por último, la convicción del "non praevalebunt" no puede ocultarnos la realidad de las cosas. El Espíritu Santo permitió un papa Borgia y unos papas en Avignon. No todos los papas han sido ejemplo de santidad o buen gobierno. Y no es normal la cantidad de papas excelentes que hemos tenido desde Pío IX (algunos ciertamente extraordinarios, como Leon XIII, Pío X o los dos últimos). Bien pudiera ocurrir que a BXVI le sucediese una medianía, o un incapaz o peor un lobo disfrazado de cardenal que dejara el Vaticano hecho unos zorros. Ese miedo es real. Las zancadillas sufridas por el Papa no venían sólo del exterior; un exterior tremendamente hostil, no lo olvidemos. Por ello hubiera preferido que el Papa se rodease de mejores colaboradores y les dejase todo el margen que exigiese su salud y dirigiera hasta su muerte la Iglesia. Pero eso es mi deseo y no sólo da lo msimo lo que yo desee, es que además, ya no tiene arreglo.