El cardenal Becciu se defiende

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Entre otras muchas cosas que han ocurrido esta semana y que afectan a la Iglesia, merece la pena detenerse en tres: los ataques a San Juan Pablo II, las nuevas amenazas alemanas y la defensa iniciada por el cardenal Becciu.

La izquierda radical, de dentro y fuera de la Iglesia, ha aprovechado el informe McCarrick para atacar a San Juan Pablo II. Primero fue la revista “National Catholic Reporter”, que pidió a los obispos norteamericanos que prohibieran la celebración litúrgica del santo Papa polaco. Después lo hizo el diario que marca la línea de todos los demás medios de izquierda en el mundo, el “The New York Times”, el cual puso en duda la santidad del Pontífice y acusó a la Iglesia de haberlo canonizado con prisas y sin las debidas investigaciones. La respuesta vino de Polonia: la Universidad católica de Lublin rechazó todas las acusaciones contra Wojtyla y recordó que el informe vaticano sólo dice que éste fue engañado por sus colaboradores. Aunque quizá al Papa no le engañaron sólo con un nombramiento. Los que tiran piedras contra él no deberían olvidar que en el mismo consistorio en que se hizo cardenal a McCarrick también recibieron la birreta cardenalicia Kasper, Hummes, Policarpo, Dias, y Lehmann, todos ellos conocidos representantes del sector más radical de la izquierda eclesiástica, e incluso la recibieron Maradiaga, Errázuriz y Bergoglio, el actual Pontífice.

Los alemanes son como aquel “rayo que no cesa” del poeta Miguel Hernández. El presidente de las asociaciones laicas católicas de ese país, Marc Frings, ha advertido que la Iglesia se derrumbará si no aprueba el sacerdocio de la mujer y el matrimonio de los sacerdotes. El Papa Francisco, sin contestarle directamente, le ha respondido dedicando su catequesis de los miércoles a hablar de la Virgen y a recordar que ella no fue sacerdotisa, sino que fue Madre y Discípula. No sabemos si, como profetiza el señor Frings, la Iglesia se hundirá si no hay sacerdotisas y curas casados, pero sí sabemos que sin necesidad de eso ya se está hundiendo: el arzobispo de Dublín, el muy progresista monseñor Martin, ha constatado la grave situación que atraviesa la Iglesia debido al Covid, que considera que tendrá consecuencias cuando pase la epidemia, porque muchos de los que han dejado de ir a misa ya no volverán, y no porque se hayan muerto. En España, una diócesis rica, como la de Málaga, ha tenido que pedir préstamos para pagar las nóminas de los empleados; de momento, un millón de euros, pero serán más.

Y, por último, la decisión del cardenal Becciu de pasar a la ofensiva, denunciando al diario italiano que publicó las acusaciones contra él. El abogado del cardenal aporta documentos que rebaten dichas acusaciones, pero, sobre todo, con su denuncia está provocando que se haga un juicio en el que el cardenal tenga la oportunidad de defenderse. Además, y esto es lo más importante, hace responsable al diario italiano del castigo que el Papa Francisco infringió al cardenal. Para el abogado defensor, el Papa actuó contra Becciu horas antes de que el diario publicara las acusaciones contra él, después de haber sido informado de que esas acusaciones iban a ser publicadas. Según el abogado, el Papa fue inducido por esas falsas acusaciones a privar del derecho a participar en un cónclave a su defendido, y eso, siempre según el abogado, no sólo perjudica a Becciu sino que podría hacer inválida la elección del próximo pontífice, pues uno de los que deberían participar en dicha elección, como elector y como elegible, no habría podido hacerlo sin que hubiera causa para ello. Esta “bomba”, soltada en las vísperas de la creación de nueve nuevos cardenales electores, debe ser desactivada cuanto antes, sino se quiere que los que no queden contentos con la elección del próximo Papa recurran a ese argumento para rechazar su legitimidad. No hay que olvidar que Francisco tiene casi 84 años, que vivimos en tiempos de Covid y que esta semana ha habido 250.000 nuevos infectados por el virus en Italia.