Impunidad

Imprimir

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Aunque los ojos del mundo han estado puestos, esta semana, en lo que pasaba en Estados Unidos, en lo que afecta a la Iglesia han ocurrido también otras cosas. Una, importante, es la retirada del dinero que hasta ahora administraba la Secretaría de Estado y que pasará a ser controlada por otros dos organismos vaticanos, el APSA y la secretaría de Economía. Esa decisión da la razón a lo que pretendió el cardenal Pell cuando era prefecto de Economía. Una batalla que el cardenal perdió, pero que al final ha terminado ganando, aunque le haya costado tanto. Esperemos que esta medida sirva para acabar con los escándalos financieros y que no ocurra aquello de “tenemos los mismos perros, pero con distintos collares”.

Junto a estas noticias, ha habido otra que, de haberse producido en otro momento, habría causado un gran revuelo. Strajk Kobiet, una de las principales líderes abortistas polacas, entrevistada en un programa de televisión en su país, amenazó a los católicos si no cambiaban su oposición al aborto y llegó incluso a justificar los asaltos y actos vandálicos contra los templos. Cuando la periodista que la entrevistaba sugirió que esa violencia no debería hacerse, ella respondió: “Por supuesto que deberían hacerlo. Debes hacer lo que sientes, lo que piensas, lo que es efectivo y lo que se merecen”. No sé si la autora de esas declaraciones estará ya acusada ante los tribunales por enaltecimiento de la delincuencia, pero es lo que se merece. O eso, o los católicos asumimos que somos ciudadanos sin los mismos derechos que los demás, a los que se les puede insultar, robar e incluso matar con impunidad. La señora Kobiet, a la que quizá habría que llamar “soviet” pues los métodos que defiende son los mismos que usaron los comunistas soviéticos, no ha justificado que se ataque a las mezquitas, por ejemplo; en cambio, los musulmanes rechazan el aborto excepto cuando está en peligro la vida de la madre; esa excepción está contemplada en la ley polaca y no ha sido derogada por el Constitucional de ese país, que sí ha prohibido el aborto en caso de malformación del feto. Quiero dejar claro que no deseo que se ataquen las mezquitas, ni las sinagogas, ni ningún centro de cualquier institución. Pero con los mismos argumentos que usa la señora “Soviet” se podría justificar que los defensores de la vida saquearan y destruyeran las clínicas abortistas y las sedes de las organizaciones que defienden el aborto. ¿O es que ellos sí están legitimados para usar la violencia y los demás no? Nadie, ni unos ni otros, puede justificar violaciones y saqueos, pero da la casualidad de que los católicos no lo hacemos y ellos sí. Y a ellos, a los que usan la violencia, se les da carta blanca para hacer lo que quieran, creando un régimen de impunidad para delincuentes, con tal de que los delitos sean cometidos contra la Iglesia.

Por último, creo que hay que mencionar a esos católicos practicantes -no me refiero a los que Benedicto XVI denominó “paganos bautizados”, que de hecho no son católicos-, a esos que van a misa e incluso están en grupos de oración, mientras que apoyan con su voto a los partidos que están en contra de la vida y de la familia. Ya no deberían llamarse “católicos practicantes”, sino “ateos practicantes” o incluso “ateos devotos”. Porque en realidad han perdido la fe en la vida eterna y en el juicio de Dios. Ellos, votando a los partidos que promueven esas leyes, han demostrado que no tienen misericordia para los niños que serán asesinados en el vientre de sus madres. Y el juicio será sin misericordia para el que no practicó la misericordia. Sus manos están manchadas de la sangre de esos inocentes y por muchos grupos de oración a los que pertenezcan, sólo un profundo arrepentimiento les librará de la justicia de Dios, si es que estos “ateos practicantes” siguen en realidad creyendo en Dios. Su religiosidad es más falsa que la de aquellos fariseos a los que criticaba Jesús y toda su piedad y sus grupos de oración no les salvarán de ser juzgados por colaborar con los que matan a los inocentes.