Regresar a Galilea en tiempos de pandemia espiritual y física

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Autor: Isabel VARGAS, ama de casa

Inimaginable cuando estábamos celebrando el fin y principio de año 2019-2020, que en pocos días un minúsculo virus, el COVID-19; desconocido para nosotros hasta ese momento, no sólo pondría en jaque sino que sometería a esta civilización mundial, que se jactaba de ser brillante, moderna, avanzada, tecnológica, “sabia”, imparable e infalible.

Inimaginable también que los cristianos (dentro de los que me incluyo con plena conciencia de que esa palabra me queda sumamente grande, pero con la certeza de que es lo que más deseo seguir siendo con la ayuda de Dios), fuéramos por ello obligados a poner a prueba la fe y además tener que replantear nuestras verdaderas creencias y cuestionar, muy profundamente, a quién realmente creemos, le servimos y nos entregamos, porque es evidente que nos ha preocupado más la pandemia física que la pandemia espiritual que ha venido enfermando nuestras almas desde hace bastante tiempo.

He tenido tiempo para meditar sobre tantas cosas que daba por hechas y que ya no lo son más, como el regalo enorme del banquete eucarístico, muchas veces dejado de lado por cosas tan triviales como alegar estar un poquito cansada, por ver un programa de televisión que no aportaba nada a mi vida (y en algunas ocasiones hasta repetido), por hacer el oficio de la casa e incluso por pereza; y que hoy se ha convertido en un anhelo que no sé cuándo se cristalizará. Hoy valoro y extraño el encuentro con los hermanos y hermanas de la comunidad en las parroquias, que gracias al encierro me di cuenta que también son mi familia y que hoy las extraño a pesar de que tal vez ni siquiera saludaba cuando me sentaba en una banca del templo porque “no las conocía”, !Cuánta falta me hace la proximidad, el abrazo, la mirada, el apretón de manos y el estar juntos sin sentir miedo de acercarnos los unos a los otros!

Para la primer misa dominical de reapertura de nuestra parroquia, Inmaculado Corazón de María en San Rafael Abajo de Desamparados, programada para el 21 de junio del 2020, me había anotado en la lista de los que asistiríamos, reservando con bastantes días de antelación, para ser exacta, desde que los noticieros avisaron que los templos podrían reabrir sus puertas…pero nuestro distrito fue declarado como alerta naranja y todo se echó para atrás, no obstante, esto sirvió para meditar sobre las bendiciones que Dios regala aun valiéndose de una peste como el COVID-19. Por ejemplo, el haber reservado mi espacio en la misa dominical con tanto tiempo de antelación me recordó que, generalmente, los restaurantes más finos y costosos son los que requieren reservación anticipada y que lo usual es que cuando reservamos en ese tipo de lugares, es para estar en compañía de una persona por la que sentimos un afecto o interés muy especial…recordé la emoción que me embargaba y las ansias con la que esperaba ese tipo de “citas” en el pasado, pues bien, ahora estaba sintiendo exactamente lo mismo pero ante la posibilidad de participar en el banquete eucarístico, acompañada por vecinos de la comunidad parroquial pero, sobre todo, para estar en unión con Jesús Eucaristía, Dios Vivo, Real y Verdadero, presente en el pan y en el vino consagrados.

Agradezco infinitamente al Señor por nuestros pastores, quienes recibieron un llamado especial al que voluntariamente respondieron con un “SÍ” y, renunciando a construir una familia propia para dedicarse a “apacentar las ovejas”, eligieron ser “padres” de la familia universal por la que murió Cristo. Por todos ellos ruego a Dios diariamente, suplicándole que los proteja y los arranque de la mano del enemigo, impidiendo que sean engañados con doctrinas “modernistas”, nuevas y extrañas, y en su lugar, con la fuerza y la luz del Éspíritu Santo, los mantenga HUMILDES Y SENCILLOS en sus propias GALILEAs, a efectos de que estén en condiciones de conducirnos a las nuestras:

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. (Lc. 10. 21-22)

Mateo 28:10 Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Aprovecho la oportunidad para pedirles, con todo amor y respeto a obispos, presbíteros, religiosos, religiosas, diáconos y predicadores, que nos nutran con LA VERDAD de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, quien claramente dijo en Juan, 14:6 “…Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí", que por favor recuerden que las ovejas los necesitamos, que vivimos con hambre de Dios, que nuestras almas están anémicas y que, ante esas carencias, de nada nos sirven “otras verdades”, como podría ser la verdad de un país, de una cultura, de una generación, de una civilización, de un grupo equis o de los intelectuales de turno, tan llenos de conocimiento académico pero que bien podrían ser completos analfabetos de espíritu. Considero que decir solamente una parte de LA VERDAD, es una forma de mentir, requerimos el banquete completo, con todos los elementos salvíficos que ofrece el Evangelio inicial, por el que murieron voluntariamente, con coraje y amor, tantos santos y mártires que hicieron florecer la Iglesia que hoy tenemos, sin merecerla.

Me pregunto ¿Para qué querría paliativos que los “sabios” o intelectuales de turno han brindado a la humanidad en las diferentes épocas, si existe la posibilidad de acceder a la “sabiduría divina” y a la sanación y plenitud completas que solamente el Señor ofrece y que nos fue revelada a través de su hijo, nuestro Señor Jesucristo?

¡Cómo deseo que Dios me guíe de nuevo a GALILEA para encontrarme con Él! Le suplico que no me permita olvidar, EN MEDIO DE LA PANDEMIA ESPIRITUAL Y FÍSICA QUE ATRAVESAMOS, que mi paso por la tierra es solamente un soplo, que el reino al que estoy llamada NO es de aquí y que la pandemia a la que deberíamos tener más miedo no es a la que destruye el cuerpo sino a la que destruye el alma, a la cual llevamos varios años sometidos sin mostrar mucha preocupación: aborto legal, eutanasia, ideología de género, hedonismo como dios, y un largo etcétera.

Pastores, les ruego que no tengan miedo de predicarnos sobre la vida eterna, sobre el pecado, el infierno o el purgatorio, prepárennos, con la sabiduría que les viene de lo alto, para un Reino que no es de esta tierra pero que es más real que todo lo transitorio de esta tierra y por el que, como muchos Santos lo hicieron, nos fortalezcan para que también nosotros estemos dispuestos a decir Sí a la Voluntad de Dios que trasciende hasta la eternidad y a decir No al mundo, que aun con toda su “gloria” no es ni siquiera un pálido reflejo de lo que Dios nos ofrece: 

Mateo 10:27-28 "Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo ustedes a la luz, y lo que les digo en privado, proclámenlo desde las azoteas. No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno."

Jesús todavía está con sus apóstoles en la habitación del piso de arriba. Después de la cena para recordar su muerte, los anima diciéndoles: “Que no se les angustie el corazón. Demuestren fe en Dios, y demuestren fe en mí también” (Juan 13:36; 14:1)

QUE DIOS TENGA MISERICORDIA DE NOSOTROS Y NOS LLEVE A LA VIDA ETERNA. AMÉN