El fracaso del acuerdo de 2018 con China

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Autor: Sandro MAGISTER, periodista

El próximo 22 de septiembre, al cumplirse los dos años, "expirará" el acuerdo secreto firmado en 2018 entre la Santa Sede y China sobre el nombramiento de obispos. Lo ha dicho el arzobispo y diplomático Claudio Maria Celli, el 7 de junio, protagonista durante mucho tiempo de los contactos entre las dos partes.

Y ha añadido:

“Pienso que, probablemente, lo tendremos que reconfirmar por uno o dos años más, pero la Santa Sede aún no ha tomado una decisión al respecto, que después será comunicada a las autoridades chinas”.

Celli ha reconocido que la negociación “no es un camino fácil”, ya que hay “nudos que permanecen” y “situaciones que nos dejan más que pensativos, diría preocupados”.

En efecto, después de casi dos años desde la celebración del acuerdo, el balance para la Santa Sede es desastroso.

Sin contar Hong Kong y Macao, que tienen un estatuto separado, en China hay 135 diócesis y prefecturas apostólicas y sólo 72 de ellas, en el momento de firmar el acuerdo, estaban dirigidas por un obispo, es decir, poco más de la mitad.

Hoy, las que tienen un obispo a la cabeza, siguen siendo 72. Por lo tanto, un número similar de diócesis continúa estando vacantes, aunque uno de los propósitos de la Santa Sede, al firmar el acuerdo, era precisamente llenar estos vacíos.

Las únicas dos nuevas ordenaciones episcopales que han tenido lugar desde el 22 de septiembre de 2018 -las de Antonio Yao Shun, ordinario de la diócesis de Jining, y Stefano Yu Hongwei, coadjutor de la diócesis de Hanzhong- son ambas de abril de 2019 y se acordaron antes de la firma.

Es instructivo que analicemos con más detalle las variaciones que han tenido lugar en los últimos dos años.

En la víspera de la firma del acuerdo, 50 diócesis chinas estaba gobernadas por obispos “oficiales”, es decir, reconocidos por Roma y Pekín, y 17 por obispos “clandestinos”, o sea, reconocidos por Roma, pero no por el gobierno chino.

Además, había siete obispos excomulgados, cinco de los cuales fueron colocados por el régimen en otras diócesis consideradas por Roma todavía vacantes, y dos, en cambio, se instalaron en diócesis ya dirigidas por obispos legítimos a los ojos de Roma, pero clandestinos para las autoridades chinas.

Pues bien, en el acto de firma del acuerdo, el papa Francisco revocó la excomunión de esos siete obispos y asignó a cada uno de ellos el gobierno de las diócesis en las que se encontraban. También en las dos diócesis en las cuales estaban los obispos legítimos, pero clandestinos, la solución adoptada por Roma ha sido la de confiar el gobierno a los dos obispos anteriormente excomulgados. Con el fin de permitir esto, en la diócesis de Shantou fue exonerado el nonagenario obispo titular, Pietro Zhuang Jianjian, mientras que en la diócesis de Xiapu-Mindong se degradó a obispo auxiliar al obispo sexagenario en el cargo, Vincenzo Guo Xijin.

En ambos casos, esta transferencia de poder ha sido tormentosa y, en el segundo caso, todavía está lejos de suavizarse. El valiente rechazo del obispo Guo a inclinarse ante los “dictados” del régimen, irreconciliables con la fe católica, entre los cuales está la adhesión por escrito a la llamada “Iglesia independiente”, le ha costado un aumento en las represalias, la expulsión de su casa y la pérdida total de libertad.

Según el juicio de los defensores más acérrimos, en el Vaticano, del acuerdo –a los que, sobre todo, les dan voz el profesor Agostino Giovagnoli, de la Comunidad de Sant'Egidio, y el director de la agencia "Fides", Gianni Valente-, la diócesis de Xiapu-Mindong debía ser la diócesis modelo, la que habría mostrado al mundo el buen entendimiento que hay entre el papa y China.

En cambio, es el ejemplo evidente de las continuas cesiones unilaterales por parte de la Santa Sede, sin ninguna contrapartida mínimamente significativa por parte de Pekín.

Se ha hablado de la inmediata revocación, por parte del papa, de la excomunión de los siete obispos más enfeudados al régimen. Viceversa, no parece que Pekín se haya movido con tanta celeridad para legitimar a los obispos clandestinos. Estos, en el momento de estipular el acuerdo, gobernaban 17 diócesis; ahora gobiernan sólo 12 de ellas. Mientras tanto, las autoridades chinas han dado su aprobación solamente a dos: a Pietro Jin Lugang, de 65 años, de la diócesis de Nanyang, y a Pietro Lin Jiashan, de 86 años, de la diócesis de Fuzhou. La edad avanzada de este último no es un caso aislado. Entre los obispos clandestinos que aún están en el cargo, otros cuatro tienen más de 80 años y otro murió en 2019 a los 92 años de edad. Hay quien hace cálculos sobre su extinción por ley natural.

En cuanto al resto, ciertamente no son bien tratados. Ya hemos hablado antes del obispo Guo de la diócesis de Xiapu-Mindong, degradado a auxiliar, que ha sido puesto bajo vigilancia. Agostino Cui Tai, coadjutor de la diócesis de Xuanhua, está bajo arresto desde 2014. Y Taddeo Ma Daqin, obispo de Shanghai, también está bajo arresto domiciliario desde el día de su ordenación en 2012, destituido por haberse separado de la Asociación Patriótica de Católicos Chinos, el instrumento con el cual el régimen controla y reglamenta la Iglesia. Ni siquiera le fue útil, a fin de obtener alguna clemencia, el acto de sumisión pública al que se sometió en 2015, entre los aplausos -también estos inútiles- de “La Civiltà Cattolica”, que definió su gesto como un modelo ejemplar de “reconciliación entre la Iglesia en China y el gobierno chino”.

Para pedir la libertad de estos obispos, ni la Santa Sede ni el papa han dicho nunca una sola palabra en público. Sin mencionar el misterio que aún rodea la desaparición de otros dos obispos, que quizás ya no estén vivos: Giacomo Su Zhumin, de la diócesis de Baoding, que hoy tendría 88 años, y Cosma Shi Enxiang, de la diócesis de Yixian, que tendría 98 años. Sobre el primero no se sabe nada desde 1996, fecha de su último arresto, y del último, desde 2001.

Pero esto no es todo. Tras el acuerdo de 2018, las jerarquías en los dos organismos clave a través de los cuales el régimen domina a la Iglesia china, tampoco han cambiado. En ambos organismos tienen una posición preeminente los siete obispos que anteriormente habían sido excomulgados.

Uno de estos organismos es el Consejo de los Obispos, un falso simulacro de conferencia episcopal, del que están excluidos los obispos reconocidos sólo por Roma.

Según el acuerdo, a este Consejo le corresponde proponer al papa los nombres de los futuros obispos, sujetos a una “elección” guiada de los mismos en las respectivas diócesis por parte de representantes -vinculados al régimen- del clero, de las religiosas y de los laicos.

A la cabeza de este Consejo de los obispos están tres de los obispos anteriormente excomulgados: Giuseppe Ma Yinglin, de la diócesis de Kunming, como presidente; Giuseppe Guo Jincai, de la diócesis de Chengde, como vicepresidente y secretario general; y Vincenzo Zhan Silu, de la diócesis de Xiapu-Mindong, como segundo vicepresidente.

Además, otros ocho obispos son vicepresidentes de este organismo, todos naturalmente con el sello de las autoridades chinas: Joseph Li Shan, de la diócesis de Pekín; John Fang Xingyao, de la diócesis de Linyi; Joseph Shen Bin, de la diócesis de Haimen; Peter Fang Jianping, de la diócesis de Tangshan; Paolo Pei Junmin, de la diócesis de Liaoning; Giovanni Battista Yang Xiaoting, de la diócesis de Yulin; Paolo He Zeqing, de la diócesis de Wanzhou; Giuseppe Yang Yongqiang, de la diócesis de Zhoucun.

El otro organismo es la ya mencionada Asociación Patriótica de Católicos Chinos.

Su presidente es el obispo Giovanni Fang Xingyao, de la diócesis de Linyi, mientras que entre los vicepresidentes figuran cuatro obispos que estaban anteriormente excomulgados: Giuseppe Ma Yinglin, de la diócesis de Kunming  el mismo que preside el Consejo de los obispos-; Paolo Lei Shiyin, de la diócesis de Leshan; Giuseppe Huang Bingzhang, de la diócesis de Shantou; Giuseppe Yue Fusheng, de la diócesis de Harbin-Heilongjiang.

El laico Liu Yuandong es vicepresidente y secretario general de la asociación, mientras que otras cuatro vicepresidencias están en manos de los obispos Giuseppe Shen Bin, de la diócesis de Haimen, y Paolo Meng Qinglu, de la diócesis de Hohhot, la religiosa Wu Lin y la laica Shi Xueqin.