Tiempo de oportunidades

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Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Las medidas que los obispos están tomando para evitar que la participación en las distintas actividades de la Iglesia contribuya a la expansión de la epidemia, son muy variadas. Dependen del grado de extensión de la misma en esa diócesis o país y también del talante del obispo. Hay de todo. Países y diócesis donde los templos se han cerrado completamente -a veces, incluso, sin tener casos de infectados en la zona-; en otros sitios el culto sigue normal, aunque cumpliendo las prescripciones sanitarias de alejamiento de los feligreses unos de otros, y en la mayoría las iglesias siguen abiertas aunque la Misa sea celebrada por el sacerdote sin participación del pueblo; en estos casos, es frecuente que el sacerdote esté disponible para confesar e incluso, privadamente, para dar la comunión a quien se la pida.

La reacción de los fieles también es muy variada; la mayoría comprende y apoya a sus pastores, aunque les suponga un sacrificio no comulgar, mientras que otros expresan su enfado, a veces con insultos, acusando a los obispos de cobardes y de traidores a Jesucristo. De todo hay. A mí me gustaría que los templos siguieran abiertos y que, según las posibilidades de cumplir los requisitos que exigen las autoridades sanitarias, se pudiera celebrar la Santa Misa permitiendo al pueblo de Dios asistir. Comprendo a los laicos que están sufriendo por no poder ir a Misa y comulgar, porque a mí me pasaría lo mismo si no fuera sacerdote. Me parece normal, además, que los laicos hagan llegar a los obispos sus peticiones en ese sentido, porque es su derecho y su deber. Lo que no me parece bien es caer en el insulto o considerar que si los obispos imponen medidas muy restrictivas -a veces más exigentes que la propia autoridad civil- es porque no tienen fe y son malos pastores. Vivimos un tiempo muy difícil y creo que el demonio no está inactivo; busca desunirnos y busca hacernos pecar, atacándonos unos a otros. En este momento es imprescindible la unidad, una unidad que no se rompe por expresar las propias necesidades y opiniones, pero que sí se rompe por el insulto y el juicio temerario. La unidad, que siempre es fundamental, lo es ahora más que nunca.

Pero, además, este tiempo de crisis es también un tiempo de oportunidades. Si bien la presencia del Señor en la Eucaristía es una presencia que es real y también sacramental, hay otras presencias del Señor que, aunque no sean sacramentales, están siempre al alcance de nuestra mano y que nadie nos puede quitar. Por ejemplo, el Señor está presente en su Palabra, por lo que podemos aprovechar para leer la Biblia, sobre todo para leer los Evangelios o las Cartas de los apóstoles. El Señor está presente en nuestro propio interior y nos habla a través de nuestra conciencia, por lo que podemos aprovechar para rezar más -qué hermoso sería si se volviera a rezar el Rosario en familia- y también para formarnos mejor; vuelvo a ofrecer la posibilidad de recibir el plan de formación on line de los Franciscanos de María, que entre otras cosas dedica cuatro años al estudio del Catecismo y cinco al estudio de la Biblia. El Señor está presente en medio de los discípulos unidos en su nombre, por lo que podemos disfrutar de esa presencia cuidando a los que viven con nosotros y evitando al máximo los roces y las peleas. El Señor está presente en los que sufren, por lo que podemos visitar a los que están solos, llevarles comida, y si no es posible porque las autoridades nos impiden desplazarnos, podemos llamarles por teléfono o escribirles para que no se sientan solos. El Señor está presente en la jerarquía de la Iglesia –“quien a vosotros os escucha a mí me escucha”-, lo cual nos invita a aceptar sus disposiciones sabiendo que Dios habla a través de ellos, sobre todo porque lo que están mandando ahora no es algo que afecte ni al dogma ni a la moral.

Es tiempo de crisis y por eso es tiempo de oportunidades. Recemos más, formémonos mejor, querámonos más y también seamos más humildes. Que todo esto nos ayude a descubrir lo que de verdad importa: Dios y la familia. Que nos ayude a ser mejores y a pensar más en la vida eterna, dándole menos importancia a las cosas de este mundo.