Paisaje antes de la batalla

Imprimir

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

La crisis del coronavirus tiene al mundo en vilo y eso ha hecho que otras noticias hayan pasado, esta semana, desapercibidas. Me refiero a los movimientos que se siguen produciendo en Alemania, en el contexto del Sínodo que se está llevando a cabo allí y que tiene la extraña duración de dos años.

Esta semana el secretario de la Conferencia Episcopal alemana, el padre Langendörfer, jesuita, ha anunciado que no repetirá en el cargo y ha sugerido que le debería suceder un laico. Su importancia para impulsar el Sínodo en la línea protestantizante que lleva ha sido enorme. Después de la renuncia del cardenal Marx a repetir como presidente, llega ahora ésta. Si el primero tenía la doble fidelidad de estar en Roma como consejero del Papa y en Alemania dirigiendo un Sínodo que ha sido ya explícitamente rechazado por el Vaticano, el padre jesuita tiene también la doble fidelidad de ser de la misma Congregación que el Santo Padre y de estar de acuerdo con la línea del Sínodo. Ambos se quitan del medio eligiendo una de las dos fidelidades, que curiosamente coincide en ambos casos con la romana. En todo caso, estos movimientos me recuerdan a los que hacen los ejércitos antes de las batallas; se están tomando posiciones y cada uno se pone de parte del que cree que va a salir vencedor, aunque en la guerra en realidad todos pierden.

En el campo de los laicos sucede algo parecido. A la manifestación del colectivo feminista pidiendo el sacerdocio femenino, conocido como María 2.0, apoyado, entre otros, por monseñor Wilmer, se ha opuesto el manifiesto de un grupo de prestigiosos laicos alemanes, que se unen a las declaraciones del cardenal Woelki diciendo que el Sínodo tiene como objetivo protestantizar a la Iglesia católica. Lo curioso es que monseñor Wilmer dice que hay que ordenar sacerdotisas para ser fieles a Jesucristo, el cual no quiso ordenar sacerdotisas; debe ser un tipo de lógica alemana, la suya, que no termino de entender: hay que hacer lo contrario de lo que hizo el Señor para ser fiel al Señor. Repito, son movimientos previos a la batalla que indican que ésta, nos guste o no, se va a producir.

Con respecto a la crisis del coronavirus, por parte de la Iglesia creo que algunas cosas se están haciendo mal, al menos en Italia. Prácticamente todo el norte está sin misas abiertas al público, porque se supone que la concentración de personas favorece la expansión del virus. Sin embargo, en la catedral de Milán sí pueden entrar los turistas. Los fieles para ir a misa, no; los turistas para dejar dinero, sí. En Europa hemos conocido terroríficas pestes y ha sido en momentos así cuando la Iglesia ha socorrido a los enfermos y moribundos, tanto en el cuerpo como en el espíritu. Basta recordar el gran ejemplo de uno de los más grandes hijos de la Compañía de Jesús, San Luis Gonzaga, muerto en Roma por cuidar a los enfermos de peste. Los médicos, los científicos que están buscando la vacuna, y los políticos tienen que hacer su labor ante esta epidemia, pero también la Iglesia, siempre con prudencia, debe hacer su parte y ésta consiste en dar esperanza y en llevar el consuelo de Dios a los enfermos y a los que están entrando en pánico. No parece que cerrar los templos para rezar y abrirlos para los turistas sea el mejor camino.