Los errores de las sectas (I)

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Autor: Rubén GERARDO, ex miembro de una secta.

Provengo de una secta protestante donde estuve diecisiete años. Ansío utilizar esa experiencia a fin de que otras personas no cometan el mismo error de marcharse en pos de grupos extraños, actitud que, lamentablemente, es muy común debido a la influencia de factores que presentaré resumidamente, con miras a ampliar muchos datos en el futuro. Antes debo aclarar que no pretendo emitir juicio de condena a ninguna persona o grupo, porque eso le corresponde sólo a Dios. Tampoco pretendo lucir una posición de "miren cuán bueno soy" por haber retornado a la Iglesia. Por el contrario, avergonzado de los errores cometidos, lo mínimo que puedo hacer es dar gloria de Dios ayudando a conocer los peligros de las sectas.

El primer aspecto que interesa a una secta es demostrar que ellos son  un grupo privilegiadamente elegido por Dios para restaurar la "iglesia verdadera", argumento que es increíblemente común y que respaldan con historias de supuestas apariciones de ángeles o revelaciones especiales. Es triste decir, pero el sectarismo en general es nada menos que una "industria" de la religión. Aún la sinceridad de sus miembros es manipulada de modo que no se pierdan los intereses de fondo.
Esto conduce a muchas calumnias con apariencia histórica pero sin base alguna. El grupo en que estuve fue fundado por un periodista que aseguraba haber encontrado a los verdaderos cristianos entre sencillos campesinos del oeste norteamericano, a quienes mostraba como descendientes directos de los primeros apóstoles. Ese señor escribió su biografía  afirmando ser el nuevo Elías profetizado. Copió doctrinas erróneas de las sectas más fundamentalistas, exigiendo, entre muchas cosas, que guardemos el sábado y evitemos el consumo de  alimentos listados en el capítulo 11 de Levítico.
Considerando que las principales víctimas de las sectas son católicos mal preparados,  les tratan de convencer de que salgan de su "Iglesia apóstata" , afirmando que abrazó el paganismo, la idolatría y tradiciones puramente humanas.
Las técnicas de las sectas suelen mover sentimientos primitivos como la codicia y el orgullo. Hoy abunda lo que se conoce como "Evangelio de la Prosperidad" prometiendo mucha comodidad material, salud y éxito a cambio de dar el diezmo, que por supuesto acaba beneficiando a los líderes principales. De los aproximadamente 300 millones de dólares de ingreso anual que tenía "mi" secta, unos 72 millones se utilizaban en revistas, folletos y programas gratuitos, con lo que nos convencían que nuestro diezmo era para dar gratis el evangelio. El primer folleto atractivo que regalaban era uno llamado "Las Siete Leyes del Éxito" donde enfatizaban la prosperidad que puede ser alcanzada dando el diezmo. También utilizaban recursos subliminales :Nuestras revistas casi siempre mostraban fotografías de miembros sonrientes, generalmente habitando ambientes preciosos o en la puerta de lujosas mansiones. Nos decían "Dios quiere que seamos felices", afirmación que acomodaban a la codicia. Todo eso, mas la historia manipulada de la "verdadera iglesia" que enseñaban, así como las amenazas de perder la salvación si no guardábamos sus costumbres, les resultaba convincente para arrancar ovejas del redil ajeno.
Era como un sello el conocido y atrayente recurso de pretender poseer conocimientos que otros ignoran. Nosotros éramos los supuestos privilegiados por saber que Jesús fue crucificado un miércoles,  que tenia el cabello corto, que no salvó de inmediato al malhechor de la cruz, que la Navidad es un fraude, que el espíritu es sólo una energía, que seremos también dioses, etc. Esas falacias,  nos concedían el sentimiento de ser superiores a toda religión, además de distraer mucho de nuestro tiempo con temas secundarios que no eran vitales para una conversión verdadera.
Observé que en las sectas, por el sólo hecho de haber abandonado la Iglesia Católica, uno ya es considerado "convertido". En todas las  que visité prevalecía, sin excepción, lo que llamo el "Sofisma del Privilegiado" que consiste en afirmar, sin necesidad de decir abiertamente: "Mira cuán pecadores y equivocados son los católicos; luego: Nosotros somos perfectos" .La constante acusación nos concedía la falsa ilusión de ser mejores, recurso que es común en personas inseguras o en las que intentan disimular su propio pecado. Observé que casi no hay tema que toquen las sectas sin una previa comparación con las costumbres o doctrinas católicas, discutiéndolas mediante interpretaciones privadas de la Escritura. Eso va creando en sus miembros no solo un sentimiento malsano de superioridad y exclusividad "cristiana", sino, lo que es peor, un paralelo rencor, y aún odio, hacia la Iglesia Católica. Próximamente analizaremos importantes errores provenientes de aquella interpretación privada que acostumbran las sectas.