Mensaje de paz en el primer día del Papa en Irak

Imprimir

En un hecho histórico para la Iglesia, por primera vez un Papa visita Iraq, tierra de Medio Oriente desde donde Dios llamó al patriarca Abraham. Se trata de un viaje a una nación asolada las últimas décadas por la violencia y la huida de cerca de un millón de católicos. Para ellos y para todos los iraquíes, el Santo Padre llegó como peregrino y portador de paz y esperanza.

En esta primera jornada fue recibido en Bagdad por el Primer Ministro. Luego se reunió con el Presidente de la República y dirigió un contundente discurso a las autoridades civiles y al Cuerpo Diplomático.

Por la tarde, Francisco sostuvo un encuentro con el personal consagrado de Iraq en la Catedral de Nuestra Señora de la Salvación, que hace una década fue escenario de un sangriento atentado (el 31 de octubre de 2010 terroristas de Estado Islámico asesinaron a 48 personas y causaron heridas a otras 70). "Que el recuerdo del sacrificio de los mártires nos inspire para renovar nuestra confianza en la fuerza de la Cruz”, dijo el Papa.

En su discurso, el Pontífice recordó que la Cruz transmite un “mensaje salvífico de perdón, reconciliación y resurrección”. Francisco insistió en que la muerte de los mártires “nos recuerda con fuerza que la incitación a la guerra, las actitudes de odio, la violencia y el derramamiento de sangre son incompatibles con las enseñanzas religiosas”. Asimismo, recordó a los cristianos asesinados en esta catedral hace más de diez años “y cuya beatificación está en proceso”.

“En las últimas décadas, ustedes y sus conciudadanos han tenido que afrontar las consecuencias de la guerra y de las persecuciones, la fragilidad de las infraestructuras básicas y la lucha continua por la seguridad económica y personal, que a menudo ha llevado a desplazamientos internos y a la migración de muchos, también de cristianos, hacia otras partes del mundo”.

Por ese motivo agradeció a obispos y sacerdotes iraquíes “por haber permanecido cercanos a su pueblo, sosteniéndolo, esforzándose por satisfacer las necesidades de la gente y ayudando a cada uno a desempeñar su función al servicio del bien común”. Al mismo tiempo los animó “a perseverar en este compromiso, para garantizar que la Comunidad católica en Irak, aunque sea pequeña como un grano de mostaza, siga enriqueciendo el camino de todo el país”.

Asimismo, el Papa Francisco hizo un llamado a estrechar los lazos entre los fieles de las diferentes confesiones cristianas enraizadas en Irak, y comparó al conjunto de las comunidades cristianas con “la familiar imagen de una alfombra”.