El Papa pide a los nuncios, entre otras cosas, que obedezcan y no le critiquen

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El Santo Padre ha recibido esta mañana en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los participantes en la reunión de los Representantes Pontificios en curso en el Vaticano del 12 al 15 de junio. Les ha dicho que el Nuncio es un hombre de Dios, de Iglesia, de comunión, y que «es irreconciliable ser un Representante pontificio y criticar al Papa por detrás».

El Papa Francisco ha recibido en la mañana a los nuncios apostólicos y exnuncios en la sala Clementina del Palacio Apostólico.

Desde hoy hasta el sábado 15 de junio se encuentran congregados los 149 representantes pontificios convocados por el Papa Francisco. Es la tercera vez que se realiza este tipo de encuentros, cada tres años, en un formato similar a los celebrados en 2013 y 2016. Participarán en varias conferencias «de actualización sobre asuntos de actualidad eclesial, de colaboración internacional y de diálogo interreligioso».

El Papa Francisco, en la oración previa, recordó a Mons. Léon Kalenga Badikebele, representante del Vaticano en Argentina y que murió ayer.

En su discurso, el Papa presentó «una especie de decálogo» dirigido a los nuncios, pero también «a sus colaboradores y, de hecho, a todos los obispos, sacerdotes y personas consagradas que encontráis en todas partes del mundo» y terminó con las «letanías de la humildad» del Cardenal Merry del Val.

1- El nuncio es un hombre de Dios.

Ser un «hombre de Dios» significa seguir a Dios en todo y por todo; obedecer sus mandamientos con alegría; vivir por las cosas de Dios y no por las del mundo; dedicarle libremente todos los recursos, aceptando con un espíritu generoso los sufrimientos que surgen como resultado de la fe en Él. El hombre de Dios no engaña ni defrauda a su prójimo; no se deja ir a chismes y calumnias; conserva la mente y el corazón puros, preservando los ojos y los oídos de la inmundicia del mundo.

2- El nuncio es un hombre de Iglesia.

Al ser un Representante Pontificio, el nuncio, no se representa a sí mismo, sino a la Iglesia y, en particular, al sucesor de Pedro... Es feo ver a un nuncio que busca el lujo, los trajes y los objetos «de marca» en medio de personas sin lo necesario. Es un contra-testimonio. El mayor honor para un hombre de la Iglesia es ser «siervo de todos».

Ser hombre de la Iglesia también requiere la humildad de representar el rostro, las enseñanzas y las posiciones de la Iglesia, es decir, dejar de lado las convicciones personales.

Ser un hombre de la Iglesia significa defender valientemente a la Iglesia ante las fuerzas del mal que siempre intentan desacreditarla, difamarla o calumniarla.

3- El nuncio es un hombre de celo apostólico.

El nuncio es el anunciador de la Buena Nueva y al ser apóstol del Evangelio tiene la tarea de iluminar el mundo con la luz del Resucitado, de llevar a Cristo a los confines de la tierra. Es un hombre en camino que siembra la buena semilla de la fe en los corazones de quienes encuentra. Y aquellos que se encuentran con él deberían sentirse, de alguna manera, interpelados.

La indiferencia (es) una enfermedad casi epidémica que se está propagando en varias formas, no solo en la generalidad de los fieles, sino también entre los miembros de los institutos religiosos. Dios es digno de gloria infinita… La gloria de Dios brilla sobre todo en la salvación de las almas que Cristo ha redimido con su sangre. De ello se deduce que el compromiso principal de nuestra misión apostólica será procurar la salvación y la santificación del mayor número de almas.

4- El nuncio es un hombre de reconciliación.

Una parte importante del trabajo de todo nuncio es ser un hombre de mediación, de comunión, de diálogo y de reconciliación. El nuncio siempre debe tratar de ser imparcial y objetivo, para que todas las partes encuentren en él al árbitro correcto que busca sinceramente defender y proteger solo la justicia y la paz, sin dejarse nunca involucrar negativamente.

Si un nuncio se encerrase en la nunciatura y evitase encontrarse con la gente, traicionaría su misión y, en lugar de ser un factor de comunión y reconciliación, se convertiría en obstáculo e impedimento. Nunca debe olvidar que representa el rostro de la catolicidad y la universalidad de la Iglesia en las Iglesias locales dispersas en todo el mundo y ante los gobiernos.

5- El nuncio es un hombre del Papa.

Como Representante pontificio, el nuncio no se representa a sí mismo, sino al Sucesor de Pedro y actúa en su nombre ante la Iglesia y los gobiernos, es decir, concreta, implementa y simboliza la presencia del Papa entre los fieles y las poblaciones. Es hermoso que en varios países la Nunciatura se llame «Casa del Papa».

Ciertamente, todas las personas pueden tener reservas, simpatías y antipatías, pero un buen nuncio no puede ser hipócrita porque el Representante es un trámite, o mejor dicho, un puente de conexión entre el Vicario de Cristo y las personas a quienes ha sido enviado, en una zona determinada, para la cual ha sido nombrado y enviado por el Romano Pontífice.

Por lo tanto, es irreconciliable ser un Representante pontificio y criticar al Papa por detrás, tener blogs o incluso unirse a grupos hostiles a él, a la Curia y a la Iglesia de Roma.

6-El nuncio es un hombre de iniciativa.

Es necesario tener y desarrollar la capacidad y la agilidad para promover o adoptar una conducta adecuada a las necesidades del momento sin caer nunca en la rigidez mental, espiritual y humana, o en la flexibilidad hipócrita y camaleónica. No se trata de ser oportunista, sino de saber cómo pasar de la ideación a la implementación teniendo en cuenta el bien común y la lealtad al mandato.

7- El nuncio es un hombre de obediencia.

La virtud de la obediencia es inseparable de la libertad, porque solo en libertad podemos obedecer realmente, y solo obedeciendo el Evangelio podemos entrar en la plenitud de la libertad. La llamada del cristiano, y en este contexto, la del Nuncio a la obediencia es la llamada a seguir el estilo de vida de Jesús de Nazaret.

8- El nuncio es un hombre de oración.

Aquí me parece importante recordar una vez más las palabras insuperables con las que San Giovanni Battista Montini, como Subsecretario de Estado, describió la figura del Representante pontificio: «Es la de alguien que verdaderamente tiene la conciencia de llevar a Cristo con él» (abril de 1951), como el bien precioso para comunicar, anunciar, representar. Los bienes, las perspectivas de este mundo terminan siendo decepcionantes, empujan a no estar nunca satisfechos. El Señor es el bien que no defrauda, ​​el único que no defrauda. Y esto requiere un desapego de uno mismo que solo se puede lograr con una relación constante con el Señor y la unificación de la vida en torno a Cristo.

9- El nuncio es un hombre de caridad operosa.

Aquí es necesario reiterar que la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad que se hace compartición la prueba de su autenticidad evangélica. Y de esta forma de vida se deriva la alegría y la serenidad mental, porque se toca con la mano la carne de Cristo.

La caridad también es gratuita, y es por eso que me gustaría hablar de un peligro permanente, el peligro de las regalías. La Biblia define inicuo al hombre que «aceptar regalos por debajo del manto, para desviar el curso de la justicia».

La caridad operosa debe llevarnos a ser prudentes a la hora de aceptar los regalos que nos ofrecen para ofuscar nuestra objetividad y, en algunos casos, desafortunadamente, para comprar nuestra libertad.

¡Ningún regalo cualquiera que sea su valor debe esclavizarnos! Rechazad los regalos que son demasiado caros y con frecuencia inútiles o dirigidlos a la caridad, y recordad que recibir un regalo costoso nunca justifica su uso.

10.- El nuncio es hombre de humildad

Me gustaría concluir este manual con la virtud de la humildad, citando las «Letanías de la humildad» del Cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), Secretario de Estado y colaborador de San Pío X, un antiguo colega vuestro:

«Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón parecido al tuyo.
Del deseo de ser alabado,Líbrame, Señor
Del deseo de ser honrado,Líbrame, Señor
Del deseo de ser aplaudido,Líbrame, Señor
Del deseo de ser preferido a otros,Líbrame, Señor
Del deseo de ser consultado,Líbrame, Señor
Del deseo de ser aceptado,Líbrame, Señor
Del temor a ser humillado,Líbrame, Señor
Del temor a ser despreciado,Líbrame, Señor
Del temor a ser reprendido,Líbrame, Señor
Del temor a ser calumniado,Líbrame, Señor
Del temor a ser olvidado,Líbrame, Señor
Del temor a ser ridiculizado,Líbrame, Señor
Del temor a ser injuriado,Líbrame, Señor
Del temor a ser rechazado,Líbrame, Señor

Concédeme Señor el deseo de que otros sean más amados que yo,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean más estimados que yo,
Concédeme Señor el deseo de que otros crezcan susciten mejor opinión de la gente y yo disminuya,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean alabados y de mí no se haga caso,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil,
Concédeme Señor el deseo de que otros sean preferidos a mí en todo,
Concédeme Señor el deseo de que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda»