Obispos alemanes obligan a los sacerdotes a dar la comunión a los protestantes

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Ante las palabras de un obispo alemán, según el cual los sacerdotes ya no pueden optar por negar a nadie la Sagrada Eucaristía, el ex prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Müller insiste en que los sacerdotes hacen bien negando la comunión a los protestantes, desobedeciendo así a sus obispos.

“Como administradores pastorales, no tenemos derecho a permitir o negar el acceso a la Eucaristía”, asegura el obispo de Münster, Felix Genn, al presentar a su diócesis las directrices sobre el acceso de los protestantes a la comunión ‘en algunos casos’. Es estrictamente inadmisible negar la Sagrada Comunión”.

Parece un apto resumen de la conclusión del prolongado debate suscitado hace ya meses por la Conferencia Episcopal Alemana cuando propuso permitir el acceso a la Sagrada Eucaristía a cónyuges protestantes de fieles católicos ‘bajo ciertas condiciones’. La medida, en su momento, fue públicamente aprobada por mayoría absoluta en la asamblea plenaria, pero siete obispos germanos pidieron aclaración a Roma que dijo que sí, que no y que lo que ellos vieran, más o menos en este orden.

Y al final, lo que ellos, los obispos alemanes, han decidido es seguir adelante con el plan original y, como vemos por la palabras de Genn, ni siquiera dejar un margen de libertad a la conciencia del sacerdote, que no tiene siquiera el derecho a actuar en conciencia sino que debe obedecer a su obispo.

No, en absoluto, responde el también alemán cardenal Gerhard Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, consultado por el portal católico LifeSiteNews. “Los obispos destruirían su autoridad si exigieran obediencia violaciones de la ley natural y falsas enseñanzas sobre cuestiones doctrinales y morales”, sostiene Mülle. Y va más lejos: hay casos en los que el sacerdote no solo puede, sino que debe resistirse a las órdenes de su superior como San Pablo se opuso a San Pedro, tal como relata la Carta a los Gálatas del primero. “En este caso, cada católico, y especialmente cada pastor, está obligado moralmente a resistirse “cara a cara, porque era condenable”. Desgraciadamente, no solo tenemos pastores con las hechuras de San Pablo”.

Para Müller es evidente que ningún sacerdote puede ser obligado a dar la Sagrada Comunión a un no católico. Al revés, está obligado a no violar “la sacramentalidad de la Iglesia”.