Mossèn Jeroni Fàbregas Camí, mártir

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Mossèn Jeroni Fàbregas Camí, nació en L´Espluga Calba (Lérida, Cataluña) el día 5 de diciembre de 1910. De pequeño ayudaba cada día a misa. Niño aún, entró en el Seminario de Tarragona, donde llevó una vida ejemplar. Tenía una gran devoción al santo cura de Ars. Durante las vacaciones pasó todo un mes preparando el Museo Bíblico del Seminario. Obedeciendo la voluntad del cardenal Vidal, con tres seminaristas más, fue a Santander a hacer un cursillo de Acción Católica organizado a nivel nacional. El día 4 de febrero de 1934 era ordenado presbítero. Diecisiete días antes había muerto su madre, de modo que la primera misa que hizo fue de difuntos. Así lo escribe a su hermano jesuita: «Estoy moralmente cierto que [la madre] esta en el Cielo. Le ofreceré la primera misa el día 6; será, naturalmente, de Réquiem.»

Al terminar el curso de 1934 fue nombrado vicario de Vilabella. Se entregó, desde el primer momento, el nuevo trabajo apostólico con gran celo. Una de las cosas que él inició y que ha continuado haciéndose igual hasta hoy día ha sido la cabalgata de los Reyes. A principios de 1936, ante el ambiente antirreligioso, multiplicó los esfuerzos, las oraciones y las penitencias. Al estallar la revuelta en julio del 36 permaneció en la parroquia hasta el día 22 de julio ejerciendo su ministerio. Se escondió en casa de un amigo. Cuando aquí hacían algunos registros él saltaba por detrás en la cuadra de la casa vecina hasta que se alejaba el peligro.

Al final pudo llegar a Barcelona. Aquí se entregó a un intenso apostolado, tal como lo demuestran estas palabras escritas durante este tiempo: "Los presbíteros que no hemos sido martirizados tenemos que suplir ese acto intenso concentrado de amor a Jesucristo con una vida realmente apostólica, abnegada toda de Cristo». Cuando fue requerido para el servicio militar se presentó declarando su condición de presbítero. Fue enviado al frente del Ebro, destinado a la 14ª Brigada que pertenecía a la 45ª División Internacional.

Cada día celebraba la misa. Luego, cuando tocaban diana, se presentaba a filas. Llevaba la vida de un verdadero apóstol. Guiaba espiritualmente muchos soldados, les hacía charlas, los confesaba y daba la comunión, especialmente cuando tenían que entrar en combate. Todo esto lo hacía con grave peligro de su vida. Al preguntarle la familia del Mas d´en Puig si tenía miedo, él contestaba: «Yo siempre les diré la verdad, y si por ser presbítero me matan, afortunado de mí.»

La noche de Navidad y fin de año de 1938 fueron celebrados con gran devoción y solemnidad. Un soldado farmacéutico que participó lo escribió a sus padres muy emocionado y dio la carta al chofer de un camión que iba hacia Barcelona. El día 5 de enero esta carta cayó en manos del comandante. Todos fueron hechos prisioneros y encerrados en el castillo de Vilafortuny, lleno de otros detenidos. El día 13 los condujeron en Santa Coloma de Queralt. El siervo de Dios iba estrechamente vigilado. Parece que fue el día 19 de enero de 1939, a las 11 de la mañana, que fue asesinado en el Pla de Manlleu de un tiro en la espalda, sólo por el hecho de ser presbítero.