Text Size
Jueves, Septiembre 24, 2020
bg articulos

  

La frase del día: 

"Solo el que sirve con amor sabe custodiar"
Papa Francisco

La sangre de Cristo y sus tres heridas

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

El 30 de junio de 1960, san Juan XXIII escribió la carta apostólica Inde aprimis, sobre el fomento del culto a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Había sido el papa Pío IX quien, en 1849, instituyó la fiesta litúrgica en honor de esta singular devoción, fijándola el primer domingo de julio, mientras que después san Pío X la trasladó al día 1 de julio. Por eso, este mes ha quedado asociado, en la piedad popular, al recuerdo del infinito amor de Cristo, que en la cruz derramó su bendita sangre para abrirnos las puertas del cielo.

Si bien es cierto que la fiesta salió del calendario litúrgico con la reforma del Concilio Vaticano II, permanece la misa votiva, así como las Letanías promulgadas por el mismo papa Juan XXIII y la invocación “Bendita sea su Preciosísima Sangre” insertada, también en 1960, en las súplicas que se recitan después de la bendición eucarística.

Como dijo san Juan Pablo II en su carta apostólica Salvici doloris, de 1984, en Jesucristo, el sufrimiento es vencido por el amor; y su sangre ofrece un excelente símbolo de esta dinámica salvífica. Por ello, propongo a continuación unas sencillas reflexiones bíblicas en torno a tres aspectos que brotan de la Sangre de Cristo. Me apoyo en lo que dice el poeta, que bien podría aplicarse al Señor Jesús: “Con tres heridas viene: la de la vida, la del amor, la de la muerte”.

La herida de la vida. Es bien conocido un texto del Antiguo Testamento, que identifica la vida con la sangre: “La vida de la carne es la sangre” (Lev 17, 11), dando pie, en el versículo siguiente, a la prohibición de comer sangre para judíos y extranjeros residentes. La experiencia histórica de la liberación de Egipto, en la noche de Pascua, asocia también la sangre con la vida, ya que la sangre servirá de señal en las casas donde estén y, por tanto, sus habitantes quedarán libres de la muerte (cfr. Ex 12, 13). Con Jesús de Nazaret entramos ya en una nueva dimensión, a la vez más potente y más profunda, más personal y más universal. Recordemos sus palabras en la sinagoga de Cafarnaún: “Os aseguro que, si no coméis la carne y no bebéis la sangre del Hijo del Hombre, no tendréis vida en vosotros.Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él” (Jn 6,53-56). Es muy claro, por tanto, que la sangre de Jesús se convierte en fuente de vida, de vida plena y gozosa.

La herida del amor. Sin duda, la vida de Cristo queda explicada y marcada por el amor. Al final de sus días, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13, 1); entonces, tomó una copa de vino y les dijo: “Esta es la copa de la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros” (Lc 22, 20). Es decir, que su entrega brota del amor y, además, se orienta al amor. “Ahora, gracias al Mesías Jesús y en virtud de su sangre, los que un tiempo estabais lejos, estáis cerca.Él es nuestra paz” (Ef 2, 13-14). Dios mismo quiso que, por medio de Jesús, “todo fuera reconciliado consigo, haciendo las paces por la sangre de su cruz entre las criaturas de la tierra y las del cielo” (Col, 1, 20). Se trata, por tanto, de un amor que nos da la paz, construye la unidad, derriba los muros de separación y nos regala la salvación (aunque, para ello, tenga que derramar su sangre por la herida de su amor).

La herida de la muerte. Es el evangelista Juan el que recoge la escena de la lanzada, señalando que, del pecho abierto del Hijo de Dios crucificado, “brotó sangre y agua” (Jn 19, 34). Poco antes, es Lucas quien detalla que, durante la oración del Huerto, “le corría el sudor como gotas de sangre cayendo al suelo” (Lc 22, 44). Podemos incluso retrotraernos hasta la circuncisión, momento en el que el Señor comienza a derramar su sangre por el pueblo, detalle en el que se fijaron, por ejemplo, San Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús. Es decir, que la herida de la muerte empezó a brotar muy pronto en la vida del Salvador. Una fórmula condensada la encontramos en la Carta a los Hebreos: “Jesús, para consagrar con su sangre al pueblo, padeció fuera de las puertas de la ciudad” (Heb 13, 12). El versículo siguiente nos exhorta así: “Salgamos, pues, hacia él, fuera del campamento” (Heb 13, 13). Esa dinámica es la que constata el último libro de la Biblia, refiriéndose a los seguidores de Jesús: “Ellos lo derrotaron [al Maligno] con la sangre del Cordero y con su testimonio, porque despreciaron la vida y no temieron la muerte” (Ap, 12, 11). Si Cristo no vaciló en entregarse del todo por nosotros,si Él llegó hasta el límite para sacarnos del abismo en el que nuestro orgullo nos había postrado, nosotros hemos de corresponder a su ejemplo saliendo de nuestra desidia, dejando a un lado nuestras comodidades, implicándonos del todo cuando alguien sufra. En definitiva, compartiendo el dolor ajeno sin hipocresía ni fingimiento.

En la ya mencionada carta apostólica Inde aprimis, inspirándose en la inmensidad de la caridad de Cristo por nosotros, san Juan XXIII nos insta a imitarla, no dudando que si nuestra vida se alejara de la soberbia y el egoísmo, “¡cuánto más fraternales serían las relaciones entre los individuos, los pueblos y las naciones; cuánto más pacífica, más digna de Dios y de la naturaleza humana, creada a imagen y semejanza del Altísimo, sería la convivencia social!”. Podemos, pues, acercarnos a la Preciosa Sangre de Cristo para captar ahí las tres heridas, de la vida, del amor, de la muerte. Y pedirle: ¡Sangre de Cristo, embriáganos! De este modo se irá fortaleciendo en nosotros la certeza de que el Señor nos ha rescatado de nuestras faltas y miserias a un gran precio, a precio de su Sangre (cfr. Ap 5,9). Esto nos alentará a no banalizar nuestra vida. La llenaremos más bien de los mismos sentimientos de Jesús. Dejaremos que nuestra alma sea conquistada por su amor, un amor que no excluye a nadie, que tiene especial predilección por los menos favorecidos.

Movidos por este amor, no sucumbiremos al favoritismo, no tendremos una mirada interesada o mezquina, acogeremos a todos, no llevaremos cuentas del mal, no guardaremos rencor, saldremos sin remilgos al encuentro del prójimo. Si el Maestro nos ha amado de modo incondicional, ha tenido misericordia de nosotros e incluso se ha abajado hasta llegar a lavarnos los pies, nuestro camino ha de pasar por un ejercicio constante de solidaridad y cercanía hacia cuantos están hundidos en la amargura, la penuria, la depresión y el olvido.

Mirar a Cristo que inicia y completa nuestra fe (cfr. Heb 12,2), contemplarlo derramando su sangre por nuestros pecados, nos llevará a ofrecerle un “culto espiritual” (Rom 12,1) que abrace todos los aspectos de nuestra vida y que se manifieste en nuestros esfuerzos por contribuir a la venida de su Reino. Nos animará igualmente a edificar una sociedad fraterna, donde se respeten los derechos y libertades fundamentales del ser humano. Nos servirá de acicate para tomar la senda de la genuina conversión y no dejar que nuestra alma se petrifique. Nos conducirá a abrir el corazón a los pobres y a cuantos tienen destrozada su dignidad. Nos invitará a luchar contra la explotación de la persona, contra quienes maltratan la vida. Nos robustecerá, en fin, para consolar a quienes viven en la soledad o el abandono.

Que la Santísima Virgen María, Madre del Redentor y Madre nuestra, nos ampare con su ternura y venga en nuestro socorro para que, tras las huellas de su divino Hijo, también nosotros sepamos detenernos ante todas las cruces del hombre de hoy y dar nuestra sangre por los postergados de este mundo. En este hermoso y urgente compromiso, invoquemos asimismo a todos los santos que a lo largo de la historia fueron partícipes de los padecimientos de Jesucristo. Pidámosles humildemente que nos sostengan, que iluminen nuestra mente y den consistencia a nuestros anhelos de santidad para vivir correcta y sabiamente, como individuos y como miembros de la sociedad.

(Publicado en la revista de la Diócesis de Jaén)

articulos
Prev Next

Una crisis de fe nunca vista antes

Autor: Willem J. EIJK, cardenal arzobispo de Utrecht

La(...)

Leer más...

El fracaso del diálogo

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Esta ha sido una semana intensa, de noticias nada buenas. Un sacerdote italiano, dedicado a ayudar a los emigrantes sin papeles, fue asesinado a(...)

Leer más...

El posconcilio y los grandes "saltos ade…

Autor: Roberto PERTICI, filósofo

En una reciente intervención intenté señalar, aunque en un(...)

Leer más...

Por qué permanezco en la Iglesia

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

El cardenal de Luxemburgo, jesuita y presidente de la Comisión que coordina a todas las Conferencias Episcopales de Europa, monseñor Hollerich, ha dicho que(...)

Leer más...

Por qué me quedo en la Iglesia

Autor: Joseph RATZINGER, teólogo

Hoy en día hay muchas razones opuestas para no permanecer en la Iglesia. Es tentador dar la espalda a la Iglesia no sólo a aquellos(...)

Leer más...

La dictadura de la Comunión en la mano

Autor: Francisco J. CARBALLO, historiador

Las dictaduras no son intrínsecamente malas. De la dictadura del bien, de lo(...)

Leer más...

Custodios de la vida

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

Dentro del Leer más...

Culto y cultura

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Elon Musk, el multimillonario que fabrica los coches eléctricos Tesla, ha decidido llamar a su hijo X AE A-12. Ignoro como llamarán en la(...)

Leer más...

El "rediseño" de la Iglesia católica

Autor: Carlos Daniel LASA, doctor en Filosofía

Como me dedico a la academiael oficio de leer dentro de(...)

Leer más...

La ideología de género. Su imposición en…

Autor: Héctor AGUER, arzobispo emérito de La Plata

Se habla habitualmente de Leer más...

Algunas claves del magisterio social de …

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

Del 22 al 25 de agosto de 1968 San Pablo VI realizó una peregrinación a Colombia con(...)

Leer más...

La gran estafa

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Esta semana se ha publicado un informe sobre la salud mental en Estados Unidos durante la pandemia. Según este informe, tres de cada cuatro(...)

Leer más...

Los pueblos indígenas en tiempos de Covi…

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

El día 9 de agosto se celebra, como cada año, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.(...)

Leer más...

Clericalismo

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado nulos todos los bautismos que se hayan hecho sin seguir la fórmula utilizada por(...)

Leer más...

Persecución nada encubierta

Autor: Pedro TREVIJANO, sacerdote

¿Existe en España y en muchos países que antes(...)

Leer más...

Crisis-decadencia de la Iglesia

Autor: Héctor AGUER, arzobispo emérito de La Plata

Numerosos autores han hablado, ya(...)

Leer más...

El silencio de los corderos

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

“Los católicos tienen el derecho a ser considerados con respeto”. Son palabras del cardenal Lacroix, arzobispo de Quebec, dirigidas a las autoridades de esa(...)

Leer más...

El culto litúrgico a los beatos y santos…

Autor: José Antonio DA CONCEICAO, sacerdote

La Biblia nos revela desde el Antiguo Testamento la voluntad amorosa de Dios de comunicar su santidad al pueblo:(...)

Leer más...

Las parroquias, a examen

En pleno verano y con muchas parroquias cerradas o bajo mínimos debido a la pandemia, la Congregación para el Clero, que preside el cardenal Stella, ha sacado un documento sobre las parroquias. Sin que se pueda decir que hay(...)

Leer más...

La sangre de Cristo y sus tres heridas

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

El 30 de junio de 1960, san Juan XXIII escribió la carta apostólica Inde aprimis, sobre(...)

Leer más...

El futuro es el pasado

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Esta semana me han llamado la atención los pronunciamientos de dos cardenales africanos. Prácticamente han pasado desapercibidos, primero por su contenido y segundo porque(...)

Leer más...

Mi tiempo en prisión

Autor: George PELL, cardenal prefecto emérito de la Secretaría de Economía del Vaticano

Leer más...

Experimento social de libro en Seattle

Autor: Jorge SOLEY, periodista

Lo que ha sucedido durante el mes de junio en Seattle ha sido una auténtica delicia para cualquier observador de la realidad. Nos referimos, claro está, a lo que(...)

Leer más...

De nuevo, el Concilio

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

El Concilio Vaticano II vuelve a estar en el centro del debate interno en la Iglesia, aunque esta vez ese debate se esté dando(...)

Leer más...

Regresar a Galilea en tiempos de pandemi…

Autor: Isabel VARGAS, ama de casa

Inimaginable cuando estábamos celebrando el fin y principio de año 2019-2020, que en pocos días un minúsculo virus, el(...)

Leer más...

María, misericordia, esperanza y consuel…

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

En el pasado mes de junio, el Santo Padre sumó tres nuevas invocaciones marianas a las Letanías(...)

Leer más...

Los enemigos del perdón

Autor: Santiago Martín, sacerdote FM

El marxismo ha ocasionado muchos males a la Iglesia. El primero fue convencer a muchos pastores de que no había que hablar de la(...)

Leer más...

El rejuvenecer del águila

Autor: Manuel MORALES, sacerdote agustino

En esta mi bendita “clausura” del confinamiento, me trae el corazón a la memoria, junto a una multitud de gracias y gozos, alguna que(...)

Leer más...

Dos años de la reforma del Catecismo sob…

Autor: Francisco C. LÓPEZ, doctor en Ciencias Políticas

Se cumplen dos años de la reforma del número 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte. Leer más...

El fracaso del acuerdo de 2018 con China

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

El próximo 22 de septiembre,(...)

Leer más...

María, poder y gloria

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

La noticia de esta semana ha sido la salida del Papa emérito del Vaticano para ir a Alemania, a Ratisbona, a acompañar a su(...)

Leer más...

Charles de Foucauld y el islam

Autor: Juan Carlos SOLEY, economista

La noticia de la próxima canonización(...)

Leer más...

¿Qué nos dice hoy el Inmaculado Corazón …

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

Este año se cumplen 50 años desde que se(...)

Leer más...

Agustino de clausura

Autor: Manuel MORALES, sacerdote agustino

Es un “empleo” que tuve en alguna rara ocasión, obligado por uno de mis posoperatorios, pero entonces con dolores, sacrificado, y no de muy(...)

Leer más...

La Iglesia alemana, entre "reclamo nacio…

Autor: Roberto PERTICI, historiador

Los artículos de Sandro Magister y Pietro De Marco(...)

Leer más...

Año del Agradecimiento

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Dicen que en las grandes crisis sale de dentro lo mejor y también lo peor que hay en el hombre. En esta terrible pandemia(...)

Leer más...
Español (spanish formal Internacional)English (United Kingdom)
blog
blog-rojobilbao
 
blog-credo
 
blog-biografia 
blog-Islam
 
 enlaces 

tvonline misadeldiafranciscanosdemarialibroslibresNUEVAWEB-franciscanos-4