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Jueves, Agosto 13, 2020
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La frase del día: 

"Solo el que sirve con amor sabe custodiar"
Papa Francisco

La pandemia a la luz del Cántico de Jeremías

Autor: Anthelme ADZAKLUI, religioso FM

Desde el acontecimiento salvador de la segunda persona de la Trinidad, Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado, la mirada del mundo ha cambiado. Todos los estudios tienen como focos la veracidad de los acontecimientos de Cristo, aunque la historia profana antes de llegar a los evangelios confirman la existencia de Jesús. Aun así, algunos estudiosos mantienen la duda sobre la historicidad del este acontecimiento que es único en su género que quedó en la historia general con imprenta de carácter. Los estudios y búsqueda de Jesús histórico hasta Cristo de la fe no pudieron quitarle la importancia y la novedad que contiene el acontecer en sí.

Desde los primeros siglos, los cristianos intentaban expresar su fe en los creo breves para profesar su fe en Cristo muerto y resucitado. La primera y breve creo lo podemos encontrar en los escritos de San Pablo como ejemplo (Flp2,11) y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre, también nadie puede decir: Jesús es el Señor, excepto por el Espíritu Santo (1Cor12,3). Este es solamente la continuación de la intervención de Dios en la historia hasta su plena revelación en su único Hijo, Jesús. Este es nuestra fe, es la fe de la iglesia católica que no gloriamos de profesar porque somos afortunados.

Nadie es ignorante en saber que, desde diciembre 2019, una epidemia desató en China con un crecimiento nacional, pero en febrero ya casi todo el mundo y sobre todo Europa se vio arrebatado de su normalidad habitual. El coronavirus que antes era ajeno ya es una amenaza mundial, pero sobre todo llegó con un daño enorme que al inicio obligó el aislamiento de todo el norte de Italia y luego el resto de los países de la unión europea, por ejemplo. Ningún día pasa sin contar una número creciente y asombroso de fallecidos. Todo el mundo entero se vio parado, aeropuertos casi vacíos, deporte, economía, viajes, celebraciones o misas con fieles, movilidad, todo suspendido. Vaya virus! Vaya covid-19. Lo que no logró la primera y segunda guerra mundial lo logró esta pandemia de covid-19, parar el mundo entero. ¿Ahora ante tal pandemia, surgen un rio de preguntas tanto de los no creyentes como algunos creyentes lite, no sería castigo de Dios? ¿O a lo mejor si Dios existe porque permite esta pandemia? ¿Por qué no la detuvo? ¿Por qué permite que mueran inocentes? ¿no sería un Dios misericordioso, o sus entrenas se han cerrado sobre los gritos de sus hijos si tanto les quiere? De todas estas preguntas nos apoyamos en el cantico de Jeremías 14,17-21 para analizar la situación.

Mis ojos se deshacen en lágrimas, día y noche no cesan: por la terrible desgracia de la doncella de mi pueblo, una herida de fuertes dolores. Salgo al campo: muertos a espada; entro en la ciudad, desfallecidos de hambre.

Todos o al menos los cristianos deberíamos llorar por algunos por compasión y solidaridad. De hecho, lo hacemos, nosotros sí que tenemos acceso al don inmerecido de la eucaristía cotidiana, pedimos por los fallecidos, los agonizantes, los sanitarios y todas las entidades implicados en búsqueda de una cura para aliviar el sufrimiento del pueblo. Así es el sentimiento de creo, todos los pastores, o sea los profetas de hoy, es decir los sacerdotes y tantos misioneros que tienen el encargo de cuidar la parte espiritual de hombre, de los fieles, de su alma.

Hoy la dona no es como el tiempo del profeta Jeremías, afortunadamente hay muchísimos sacerdotes que se mantienen cerquísima de sus fieles y demás personas que no son aun creyentes, pero necesitan y piden asistencia de una sacerdote. Estos sacerdotes caídos en el ejercicio de su misterio de llevar consuelo a los tristes, administrar los últimos sacramentos a los moribundos, esperanza a los desesperanzados y sobre todo decirles que hay vida eterna de mantener la firme fe en que Cristo es el Señor de la historia.

Es cierto que, hay muchos al flanco luchando contra esta pandemia de covid-19, cada uno según su vocación y trabajo como los médicos, ejércitos, personal sanitario los gobiernos, aunque no todos lo hacen bien para que salgamos lo pronto posible de esta crisis mundial.

¿Que pudiera sentir un sacerdote celebrar el acontecimiento pascual sin su grey, sus files por medida sanitario? El domingo de ramos, el tridum pascual, sobre todo la vigilia pascual durante la cual los catecúmenos reciben los sacramentos de la iniciación. Todo no puede ser igual cuando todos o la mayoría le tocan vivir de ceerca en carne propia la enfermedad. No todo no sería igual. No, no, pero todo con ojo diferente. Sí, no hay día y noche sin que salga lágrimas en los ojos de un hijo de la doncella de nuestro pueblo cristo, ahora ya son muchas heridas de fuertes dolores. Perdidas sin despedidas. Que se siente uno perder un ser queridos sin poder abrazarle, decirle de viva voz que le quiere y que rezaremos por él. Quisiera saberlo para poder contarlo a quien pregunta o plantea las preguntas de arriba de nuestro artículo. Solo sé que como dijo el papa emérito BENEDICTO XVI en su discurso en Auschwitz que allí estaba Dios, sufriendo con ellos. Sí, allí esta Dios sufriendo con los desfallecidos.

¿Por qué has rechazado del todo a Judá? ¿tiene asco tu garganta de Sión? ¿Por qué nos has herido sin remedio? Se espera la paz, y no hay bienestar, al tiempo de la cura sucede la turbación.

En frente de esa situación, lo más fácil es escupir a Dios, echarle todo en cara. ¿Es verdad que Dios ha rechazado el Judá de hoy, o sea un mundo? ¿Ya no le interesaría la suerte de sus criaturas amadísimas? Se espera la normalidad, la paz y el bienestar y parece que está por venir, pero nadie ni los científicos hoy en día saben cuándo exactamente cuándo sería. Cada día van disparando el número de los muertos. Parece que es tiempo de la turbación. Pues en esta situación también los profetas de hoy y sacerdotes están llamados a evangelizar y a llevar la buena noticia a los desesperados y afligidos, los que no creen en Dios y que ante las adversidades se encuentran solos. Dios no hay rechazado al Judá de hoy, o sea nuestro mundo, aunque tiene suficientemente razón en hacerlo. El hombre de hoy es un NIETZSCHE que vive de espalda a Dios. Un mundo sin Dios, a la medida del hombre. Una sociedad anticristiana, en fin, eso es el Judá de hoy, pero, aunque así, Dios cuida de los suyos.

Señor, reconocemos nuestra impiedad, la culpa de nuestros padres, porque pecamos contra ti. No nos rechaces, por tu nombre, no desprestigies tu trono glorioso; recuerda y no rompas tu alianza con nosotros.

El mayor pecado contra Dios, el pecado de nuestro padre Adán y Eva hace que el mundo sigue padeciendo del mal que entró en aquello día para deshacer el paraíso primitivo. El pecado, este pecado de soberbia sigue actuando en el mundo. ¿Quién de nosotros puede afirmar que hoy en día que el hombre ha conquistado el mundo, en plano de la tecnología, la medicina, el transporte, la economía, en resumen, un desarrollo brillantemente impresionante e increíble, el mundo padeciera una pandemia que detuviese todo, parase todo? Nadie. Pues así es hasta que nos volvamos hacia Dios, nuestros corazones quedarán inquietos como escribía San Agustín en siglo V.

¿Qué mensaje, espera el fiel católico de Cristo, durante estas fiestas de pascua que no pueden moverse para ir a la iglesia y participar a las celebraciones y recibir a Cordero pascual, único redentor?

Como dice Juan 16,33 Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo, así es y tiene que ser el mensaje para todos aquellos que de una forma u otra padecen la pandemia y se ven en la desesperación y la desesperanza. Sí, Cristo ha vencido al mundo, al pecado con su derramamiento de sangre en la cruz. Sí, él ha vencido al mundo con la promesa hecha a nosotros que hay vida eterna, si hay vida eterna por nos la ha prometido Cristo, vencedor de la muerte. Por eso, podemos cantar y decir, ¿muerte donde está tu aguijón? Cristo ha vencido y vive eternalmente. Porque ha resucitado y su resurrección es señal y esperanza para todos, o aquellos que creen él. El señor nunca nos rechaza solo pide que volvamos a le y que nos convirtamos. Y así hallar misericordia y gracia ante Él, porque solo Él es el Señor de la historia. Señor, reconocemos nuestra impiedad; ojalá que todos podamos llegar en repetirle un día esta frase; Señor, reconocemos nuestra impiedad. Todo pasa, la pandemia pasara y solo Dios no.

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