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El cardenal Eijk advierte del riesgo de apostasía en la Iglesia

El cardenal Willem Eijk, arzobispo de Utrecht (Holanda), es uno de los cardenales más activos en la defensa de la fe católica en medio del ataque que la misma está sufriendo dentro de la Iglesia. En una entrevista a LifeSiteNews aborda la crisis actual doctrinal, moral y litúrgica.

El cardenal Willem Eijk responde a preguntas sobre la crisis de la Iglesia, la pérdida de fe.

Su eminencia, me impresionó mucho el artículo que publicó en el National Catholic Register y La Nuova Bussola Quotidiana en mayo de 2018. Primero comentó la sugerencia de que se pudiese dar la comunión a los protestantes casados con católicos. Señaló la confusión que esto crearía. La situación ha evolucionado desde entonces: ¿le ha llegado alguna información, por ejemplo de algunas parejas que hayan pedido beneficiarse de esta posibilidad o si la sugerencia se ha implementado en algún lugar?

Respondí a este documento de la Conferencia Episcopal Alemana por una razón muy específica. Ocurre que en nuestra diócesis, en las grandes ceremonias, hemos estado llamando la atención sobre el hecho de que sólo las personas que viven en plena comunión con la Iglesia Católica pueden recibir la comunión. El resto puede acercarse con los brazos cruzados sobre el pecho para recibir una bendición. Más adelante especificamos: «pueden simplemente quedarse en su sitio y unirse al Señor mediante una oración silenciosa». También hemos incluido este texto en los libritos que damos en algunas ceremonias, por ejemplo, en las ordenaciones sacerdotales o confirmaciones… En muchos lugares vemos gente que lo tiene en cuenta. Por todas partes vemos personas que se acercan con las manos cruzadas sobre el pecho; son a menudo protestantes casados con católicos. Estas personas están muy contentas con esta bendición. Aprecian mucho el poder acercarse con los demás, y recibir algo también.

Cuando se hizo público este documento en el que aparece la propuesta de la Conferencia Episcopal Alemana, mis obispos auxiliares y yo pensamos que esta idea podría terminar llegando a nuestro país. Esta es la razón por la cual, una vez más, quise dejar claro lo que la Iglesia enseña sobre la intercomunión. Ese artículo dio la vuelta al mundo:  se tradujo al inglés y también al italiano en La Nuova Bussola Quotidiana Christiana. Nos ha pemitido llegar a un mayor número de personas.

En este artículo, no sólo hablé sobre la intercomunión sino también el hecho de que dos cardenales, cuyos nombres no di, habían abogado por la bendición del «así llamado matrimonio entre personas del mismo sexo".

Siguiendo con el documento de los obispos alemanes sobre la intercomunión y debido a la petición explícita de los cardenales de la bendición de las uniones homosexuales, le pedí al Papa que clarificara estas cuestiones, haciendo algo tan simple como recordar los documentos del magisterio de la Iglesia.

Bien, hasta el momento la situación permanece igual. No ha habido ninguna reacción, al menos no pública. Y esto significa que existe aún mucha confusión entre los católicos sobre estos asuntos. Podemos verlo en muchas circunstancias. Lo lamento profundamente porque me gusta la claridad.

Usted ha usado palabras extraordinariamente fuertes. Habló de "apostasía dentro de la Iglesia". ¿Podría explicarnos que es lo que quería decir?

Cité el número 675 del Catecismo de la Iglesia Católica porque hay cardenales que abogaron por la bendición de las uniones homosexuales. Me refería a este párrafo del catecismo como advertencia. Afirma que justo antes del apocalipsis, se alzarán voces dentro de la propia Iglesia, incluso entre las más altas autoridades que expresarán opiniones distintas a las de la doctrina católica. Lo hice como aviso: tengamos cuidado de no encontrarnos en esta situación. Debo decir que, para mi sorpresa, el cardenal Müller retomó esta idea: el 9 de febrero de este año publicó una declaración sobre los elementos fundamentales de la fe católica, en la cual también se refería al número 675. Es de reseñar que mi entrevista y toda la cita fueran retomadas también por el obispo Gänswein durante la presentación del libro de Rod Dreher, «La opción Benito».

Todo esto ha llegado a mucha gente y muchos han empezado también a pensar sobre ello. De esta forma espero conseguir que cada vez más personas dentro de la Iglesia hablen y proporcionen claridad, porque muchos católicos –y usted lo sabe igual que yo– están realmente confundidos.

¿No es un problema hoy que mucha gente en puestos de responsabilidad no digan nada?. ¿No es este silencio la gran prueba de nuestro tiempo?

Sí, pero añadiría que, si ésta es realmente la obligación de los cardenales y los obispos, los sacerdotes, diáconos, laicos y voluntarios que trabajan en las parroquias no están exentos de la misma. Como norma general, los católicos somos tímidos a la hora de mostrar nuestra fe en Cristo y en los principios de la doctrina de la Iglesia. Entre los católicos holandeses, esta timidez es incluso mayor. Esto se debe principalmente al hecho de que durante los siglos siguientes a la Reforma fuimos forzados a permanecer en silencio: era difícil expresar nuestros puntos de vista abiertamente. Aunque podíamos celebrar nuestra liturgia en iglesias clandestinas, lo que nos permitía continuar proclamando nuestra fe, estábamos obligados a hacerlo con gran precaución y esta actitud continúa manifestándose en muchos católicos actualmente. Pero es una tendencia que también se puede observar en otras partes del mundo.

Incluso entre los padres… En su vida, los niños no conocen primero a un sacerdote, sino a sus padres. Es importante que estos padres les hablen a sus hijos muy explícitamente sobre Jesús, la oración y los fundamentos de la fe.

En Utrecht tenemos cada domingo una misa en inglés, en la catedral, a las doce y media, a la que asisten muchos extranjeros. Vemos a mucha gente joven que trae a sus hijos –estos jóvenes a menudo tienen familia– así que la misa es muy animada porque de vez en cuando vemos a los niños corriendo, gritando, llorando o haciendo cualquier otra cosa,  pero en realidad nada de esto importa. Sin embargo, estos niños, incluso aunque no entiendan lo que se está diciendo, ya ven algo del respeto que muestran sus padres, por ejemplo, durante la plegaria eucarística, durante la consagración cuando permanecen en completo silencio. Los niños lo ven y lo que ves, lo que aprendes de tus padres cuando eres niño, no se olvida nunca. Lo que aprendes después lo olvidamos a veces… De aquí la grandísima importancia del aprendizaje de la fe en este período de la vida. Así que pediría a todos los padres que transmitieran de verdad la fe a sus hijos.

Debo añadir, por supuesto, que una de las causas del problema es que los mismos padres saben poco acerca de su fe. Siempre digo –y muchos sacerdotes se esfuerzan por hacerlo, ofreciendo preparación para el bautismo– que es necesario catequizar a los padres mientras se prepara a los niños para la primera comunión o para la confirmación: se necesita implicar a los padres de alguna forma. Debe haber un programa de catequesis para los padres.

Yo mismo asistí al instituto de secundaria en Amsterdam en la segunda mitad de los años 60. Empecé en 1965. Durante los dos primeros años recibí una excelente catequesis. El problema empezó entre los años 1967-1968. Los sacerdotes aún impartían las clases de religión, pero se hablaba de todo menos de la fe. Se hacían debates, se permitía fumar, se discutía sobre el aborto y el Che Guevara y no sé qué más, todo lo que era noticia por entonces. La fe ya no estaba en la agenda. Y de eso hace ya cincuenta años. La generación de los que ahora ya son abuelos ha recibido relativamente poca educación en la fe. Y, ¿qué ocurrió en los años posteriores?Así que tenemos que afrontar una enorme tarea.

Usted también le pidió al Papa en enero de 2018 que pusiera fin a la confusión creada alrededor de Amoris Laetitia y el acceso a la comunión de los católicos divorciados y vueltos a casar. ¿Aún sigue pidiendo dicha aclaración?

Sí, ciertamente. Escribí un artículo, poco después del segundo sínodo de la familia –estuve presente en ambos– que formaba parte de un libro escrito por once cardenales. Hablé sobre el hecho de que la práctica es extremadamente antigua en la Iglesia, y que la doctrina misma es muy explícita, según la cual una persona divorciada que se vuelve a casar civilmente no puede recibir la comunión como tampoco puede recibir la absolución en esa situación, porque no  está en la debida disposición.

Ocurre que Amoris Laetitia no dice literalmente que las personas divorciadas y vueltas a casar civilmente, cuyos primeros matrimonios no han sido declarados nulos, puedan recibir la comunión. No llega a tanto. Pero basándose en unos cuantos elementos y una nota a pie de página, algunos piensan que se puede deducir que eso es posible, que está permitido. Y hoy vemos conferencias episcopales publicando documentos que dicen que, si estas personas han hecho un camino de acompañamiento con un sacerdote y han buscado el discernimiento con él, pueden ellos recibir la comunión en algún momento. Algunas conferencias episcopales han regulado materias en este sentido, muchas otras no han regulado nada en absoluto y otras han dicho exactamente lo contrario. Bien, lo que es cierto en un lugar A no puede ser falso en un lugar B. Esto va en contra de uno de los principios de la filosofía, el principio de no contradicción, que uno aprende en el seminario en las primeras clases de filosofía: es uno de los principios de la lógica, del pensamiento. Sí, creo que es importante que aclaremos esto, que la gente sepa a qué atenerse.

Pero el mismo Papa ha apoyado a las conferencias episcopales que eligen la interpretación liberal.

Sí, así lo hizo en una carta a la Conferencia Episcopal Argentina. De hecho, los obispos de dicha conferencia, declararon que, siguiendo un camino de acompañamiento y discernimiento con un sacerdote, existe una posibilidad de que una persona divorciada y vuelta a casar civilmente pueda recibir la comunión. En su carta, el Papa también dice que ésta es la interpretación correcta. Sin embargo, una carta de un Papa a una conferencia episcopal, no es parte del magisterio. Esto debe quedar claro. Se debe hacer una distinción entre lo que por una parte es la opinión que el Papa puede expresar en un momento dado, y por otra su magisterio, específicamente las declaraciones que verdaderamente pertenecen a su autoridad magisterial, el magisterio como tal. Ésta no es una de ellas.

Pero todo esto no clarifica nada. Creo que el Papa, por lo tanto, debe aportar claridad, en términos de doctrina, mediante una declaración que se pueda decir con certeza que pertenezca al Magisterio. Diría: al magisterio ordinario o auténtico magisterio. Huelga decir que estos no son dogmas o expresiones extraordinarias, sino sólo expresiones del magisterio auténtico.

Espero que no le sorprenda cuando le diga esto: como católicos tenemos el derecho a que la Iglesia nos diga la verdad. Esto es lo que pedimos a la Iglesia cuando nos bautizamos. "–¿Qué le pides a la Iglesia de Dios? – La Fe". Como católicos confundidos, a menudo tenemos la impresión de que muchos obispos y cardenales actúan como si todo estuviera bien y no hubiese confusión alguna. ¿Cuál es nuestro papel como laicos en esta situación?

Ante todo, me gustaría señalar que no sólo son los creyentes los que tienen derecho a la verdad, sino todo el mundo. Jesús nos envió a proclamar el Evangelio completo –incluido el pasaje que afirma que el matrimonio es uno e indisoluble– a toda la humanidad. Así que todo el mundo tiene derecho a la proclamación del Evangelio. La gente tiene al menos derecho a tener la oportunidad de encontrar a Cristo y llegar a conocerlo. Eso quiere decir que debemos preocuparnos por eso.

¿Qué podemos hacer como simples católicos? Realmente mucho. Primero hay que rezar. La fe en el poder de la oración es demasiado débil. La oración es efectiva, tiene una fuerza extraordinaria. Es sobre todo lo que San Alfonso María de Ligorio señaló en sus escritos espirituales cuando decía que aquellos que rezan nunca se perderán.

También tenemos la recepción de los sacramentos. Cuando celebro la Eucaristía, incluso si lo hago en mi capilla privada, no lo hago sólo por mí o por las personas que están presentes y que reciben la comunión. Lo hago por toda la Iglesia, por las diócesis, la comunidad de fieles y también por aquéllos que no creen. Y por aquellos que no participan en la eucaristía y que ni siquiera soñarían con hacerlo: oramos por ellos. El sacrificio se ofrece por ellos también, y tiene significado para ellos. Así que me gustaría recomendar la misa diaria a los laicos. También la confesión frecuente. Y la penitencia, en adviento y cuaresma, e incluso fuera de esos períodos. Hay muchas formas de hacer penitencia y eso es algo que realmente podemos hacer por los demás. Podemos ofrecer nuestros sufrimientos, poniéndoles, por así decirlo, sobre la patena de tal forma que puedan ser aceptados junto con el sacrificio de Cristo. Estos sufrimientos pueden asímismo ofrecerse en beneficio de aquéllos que están confusos, y se puede añadir una plegaria para que esta gente encuentre la fe.

Más allá de esto, es extraordinariamente importante que los católicos vivamos nuestra fe con alegría, con entusiasmo y valor. Debemos dejar claro lo que somos públicamente. Es además importante que pongamos nuestra fe en práctica: que demos a nuestras parroquias un rostro verdaderamente diaconal. La gente que sabe que somos católicos practicantes debe ver en nuestro comportamiento lo que Jesús nos pide, especialmente en el Sermón de la Montaña, y que debemos practicar. Eso es lo que la gente espera de nosotros.

Con mucha frecuencia oímos decir a la gente: "tuve esta experiencia con los católicos, o vi a un sacerdote que sobrepasó los límites. Bien, no necesito ya ese tipo de fe". Esa reacción puede ser disparatada, pero a veces las personas han sido escandalizadas, y esto ha provocado que se distancien de la fe y de la Iglesia. En todo esto tenemos una gran responsabilidad. No podemos dejar de recalcarlo.

Es también importante que los católicos estemos bien informados. Cuando estamos confusos hay formas de buscar claridad: por ejemplo, hay muchas páginas de internet, incluidos las extranjeras, publicaciones diocesanas, webs de diócesis y sus comunicaciones. Publicamos boletines electrónicos a los que la gente se puede suscribir. Todo esto hace posible que estemos informados y hay muchos datos sobre la fe. Esto es importante: leer y aprender sobre la fe ayuda a poner fin a nuestra propia confusión y permite al mismo tiempo que ayudemos a otros a superarla.

Usted habla mucho sobre la oración. ¿Tiene usted una conexión particular con el rosario y la petición de la Virgen de Fátima?

De hecho, originalmente esa conexión fue con la Virgen de Lourdes. Tiene que ver con la parroquia en la que crecí, en Duivendrecht, un pequeño pueblo a las afueras de Amsterdam. Había un sacerdote que pasó allí casi treinta años y que llegó en el peor momento de polarización dentro de la iglesia holandesa. Llegó a nuestro pueblo en agosto de 1969. Participé en su misa de toma de posesión y se forjó un fuerte vínculo entre nosotros. Por ejemplo, cuando yo era seminarista, solía pasar mis vacaciones en las habitaciones de los diáconos en la casa parroquial y tengo muy buenos recuerdos de ellas. Celebré también su funeral en 2012. Vivió lo suficiente para saber que yo iba a ser nombrado cardenal, aunque no asistió a la ceremonia de creación de nuevos cardenales porque murió por esa fecha. Este sacerdote me llevó a Lourdes, a donde iba con frecuencia.

Después, como obispo de Groningen, me uní a varias peregrinaciones de la diócesis, ofreciendo mi acompañamiento espiritual. Pero es sobre todo la archidiócesis donde estoy ahora la que está marcada por una fuerte espiritualidad mariana: es bastante notable. Una vez cada tres años vamos en peregrinación a Lourdes. Entre 1.300 y 1.500 personas participan: para lo que es nuestra archidiócesis, es un número significativo de personas. Muchos seminaristas me han dicho que descubrieron su vocación en Lourdes. Así que como puede ver ¡le debemos mucho a la Virgen María!. Su intercesión es increíblemente fructífera….

Conocía, por supuesto, a la Virgen de Fátima, gracias a mis lecturas, especialmente las que se relacionan con el tercer secreto y el atentado contra el Papa Juan Pablo II en 1981. Pero mi relación con Ella se hizo más intensa en 2017: fue el centésimo aniversario de su aparición a los pastorcitos en los alrededores de Fátima.

Además, el 13 de mayo de 2017, como obispos holandeses, consagramos nuestras diócesis al Sagrado Corazón de María: lo hicimos en la basílica de María Estrella del Mar, en Maastricht. Yo pronuncié la homilía. Y fue debido a esta homilía que tuve que meterme de lleno en los secretos de Fátima. Y el primero, sobre el infierno, bien, creo que sigue teniendo gran relevancia actualmente. Ese es nuestro debe: asegurarnos de que la gente no termina en el infierno y advertirles sobre esto porque somos los encargados de proclamar la fe católica. Con respecto a esto, podemos sinceramente preguntarnos si lo hacemos con la frecuencia que deberíamos. Porque cuando hablamos del infierno, a menudo provoca muchas emociones. Aun así, realmente creo que es nuestro deber hacerlo.

El segundo secreto se refiere a la situación política sobre todo del s. XX: el final de la Primera Guerra Mundial, la revolución rusa y el anuncio de la Segunda Guerra Mundial. María nos convoca a todos a rezar por la paz. Esta plegaria es igualmente importante hoy porque vivimos en un mundo extraordinariamente inseguro. La carrera armamentística, la de armas nucleares, amenaza con reanudarse. Por supuesto, no hemos vuelto a conocer la guerra en Europa desde 1945 y rezamos y esperamos que siga siendo así, pero siempre debemos orar por ello, porque los hombres son seres impredecibles, incluidos nosotros mismos. Debo decir que durante la homilía hablé sobre la historia de la Virgen de Fátima, que también resalté.

En aquellos momentos, como obispos holandeses, nos preguntamos si la gente asistiría. Pero una hora antes de que la ceremonia empezara, la iglesia ya estaba completamente abarrotada. De hecho, la reacción ante esta iniciativa fue extremadamente positiva.

Como obispos, el año pasado tomamos la iniciativa –ahora ya cumplida– de convocar un Año del Rosario. Durante este año todos los obispos de Holanda, incluidos mis dos auxiliares, tomamos parte: fuimos a rezar el rosario con los fieles en varios lugares de nuestras diócesis, antes o después de la misa o como parte de la adoración en otros lugares. Yo lo hice, por ejemplo, en la basílica de la Santa Cruz en Raalte: una iglesia enorme y muy bonita. Parece una catedral. Íbamos a rezar el rosario a las seis y media de la tarde, seguido por la misa a las siete con ocasión del día de Todos los Santos. Pensé para mí mismo: una misa diaria tan solemne en Holanda –la solemnidad desde hace tiempo se celebraba el domingo siguiente y no en un día laborable y que ahora ha vuelto a ser trasladado a su fecha original– ¿a cuántos fieles atraerá? Bien, realmente no fue tan mal en absoluto. Y lo que realmente me sorprendió, e incluso e hizo sentir bien, es que a las seis y media la mayoría de los fieles ya estaban presentes, y que estaban rezando el rosario activamente. Y pensé: «¡Así que también vosotros acostumbráis a rezar el rosario!». Y era un grupo bastante numeroso. Por lo tanto, el rezo del rosario todavía está vivo en Holanda.

Además, dediqué un editorial al rosario en nuestra revista diocesana. Escribí: ¿no sabes cómo rezarlo? Bien, coge tu rosario. Es una oración muy sencilla. Todo el mundo puede aprenderla (porque, seamos sinceros, no se puede decir que todos los católicos holandeses se sepan el Padrenuestro y el Avemaría, aunque muchos sí las saben todavía). Es una oración profunda y meditativa. Cuando rezamos el rosario completo, todos los misterios, contemplamos toda la vida de Jesucristo y terminamos con la Asunción de la Virgen a los cielos, en cuerpo y alma y su Coronación. En verdad, miramos la vida de Jesús, la contemplamos, la consideramos con los ojos de María, lo que añade un gran valor a esta meditación sobre la vida de Jesús, a través de sus ojos, con su propia ayuda, con su intercesión.

Nadie más que María puede llevarnos de la mano en la oración. Ella es la imagen de la Iglesia, dice el CVII. De hecho, todos deberíamos ser como Ella: su «Fiat» –«He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según Tu palabra»– es un «Fiat» que ninguno de nosotros puede simplemente decir porque ninguno estamos libres del pecado original como Ella lo estaba. Una vez más, Ella es nuestro ejemplo más bello, también en la oración, y es por eso por lo que es tan bueno orar unidos a Ella.

El Papa Juan Pablo II dijo que para él el rosario es la más bella oración que existe. Él pasó por momentos muy difíciles en su vida: la pérdida de su hermano y de su padre cuando aún era jove; su cautividad durante la guerra; los trabajos forzados en las minas de sal. Posteriormente, siendo obispo en Polonia, el KGB, los comunistas pusieron micrófonos ocultos en su confesionario. Era el Papa –la cabeza de la Iglesia durante 27 años– durante un período extremadamente difícil. Y dijo que, durante todo este tiempo, oró con María con el rosario, y recibió gran ayuda de la Virgen. También hablé sobre esto en mi editorial. Creo que tenemos mucho que aprender del Papa polaco en este sentido.

¿Cómo surgió la idea de la consagración de Holanda al Sagrado Corazón de María?

Se discutió en la Conferencia Episcopal.  Un grupo de obispos estaba completamente a favor. Finalmente, todos la aceptaron y participaron. Así que surgió de una forma sencilla durante las sesiones de la Conferencia Episcopal. Cuando voy a Roma como obispo, la gente a menudo piensa cuando me ve: «ahí va un progresista». Porque nosotros tenemos… teníamos una reputación de ser una Conferencia Episcopal excepcionalmente progresista en los años 60 y 70. Pero ya no lo somos en absoluto. La propuesta la hizo incidentalmente en la Conferencia Episcopal uno de mis obispos auxiliares, y fue aceptada por los otros obispos.

¿Cuál es el estado de la práctica religiosa en Holanda y de la propia fe?. Ésta es básicamente la misma pregunta que la que se hace en relación al catecismo: usted dijo que mucha gente que tiene ahora 50 o 60 años no conocían mucho su fe. ¿Ha cambiado la forma de enseñar el catecismo a los niños?

Sí, ha habido un punto de inflexión. Como ya dije, la crisis empezó durante el período en que estaba en el instituto en Amsterdam, entre 1965 y 1971. En 1965, todos los alumnos en mi instituto católico aún asistían a misa los domingos con sus padres. Es más, era algo que no tenía discusión. En 1971, el último año de secundaria sólo íbamos dos. Así que puede ver lo rápidamente que ocurrió. Una generación completa de jóvenes estaban dispuestos a librar una guerra los domingos por la mañana por negarse a ir a misa. Decidieron en masa: «no iremos más, dejaremos la Iglesia». No olvidemos que esos son hoy abuelos. Ellos no han transmitido la fe a sus hijos, ni mucho menos a sus nietos. Esa es la situación a la que nos enfrentamos. Así mismo se revela en el número de católicos. En el año 2000 había más de cinco millones en Holanda. En 2015, sólo quedamos 3,8 millones; puede ver el ritmo al que las cifras están cayendo. Los católicos mayores están muriendo, y ahora, más de la mitad de las veces, los padres católicos ya no bautizan a sus hijos. Es imposible que no haya un descenso en el número de fieles. Teniendo en cuenta las estadísticas, el 17% de católicos va a la iglesia de vez de vez en cuando. Puede ser, por ejemplo, a un funeral porque conoce a la persona, y por supuesto, se asiste. Pero si nos fijamos en la participación real en la misa dominical, ésta se ha hundido: actualmente es del 4 o 5%.

Siendo obispo de Groningen, recibí una visita del director de KASKI –un instituto de investigación de la  Universidad de Nijmengen que estudia  las estadísticas de la práctica del catolicismo: con qué frecuencia va la gente a misa, el número de bautizos y confirmaciones, etc… También ha estado estudiando otras iglesias cristianas durante varias décadas–. Bien, este director vino a verme –fue a finales de 1999 o principios del 2000– y me dijo: «tengo que llamar su atención sobre una cosa, y es una regla de oro, cada diez años la práctica religiosa cae un 40%». Y es verdad. Si miro, por ejemplo, el número de confirmandos en mis diócesis –yo llegué aquí en 2008 y he sido arzobispo de Utrecht durante 11 años– puedo asegurarle que este número es ahora la mitad. Y lo mismo se puede decir de las primeras comuniones, etc … Es una tendencia que se puede seguir sin equivocarse.

Nos estamos convirtiendo en una iglesia pequeña, sin embargo, hay también motivos de esperanza. Y una señal importante es ésta: cuando ves a católicos jóvenes que van a la iglesia, a menudo se comprometen al 100%. Llevan una vida de oración personal, tienen una relación personal con Cristo y con frecuencia aceptan todas las enseñanzas de la Iglesia. No son muchos, pero quizás ellos son el fermento del futuro. Eso espero. Y también creo que es importante que primero restauremos la situación de la Iglesia, es decir, que los fieles conozcan de nuevo la fe. Debemos asegurar la formación adecuada de la pequeña minoría, el rebaño que queda: debemos imbuir la fe en ellos y que tengan una verdadera relación personal con Cristo, porque sólo cuando esto se realice nos podremos dedicar de nuevo a la re-evangelización, que es nuestra principal misión. El Evangelio, creo, es para todos, pero en estos momentos se trata de poner primero nuestra casa en orden.

¿Hay algún buen método de catequesis para jóvenes en Holanda?

Usamos Youcat. Soy consciente de las críticas que lo rodean, particularmente debido a que en un momento determinado hubo traducciones erróneas a ciertos idiomas; quizás fue incluso deliberado, ¿quién sabe? Una de las traducciones dice que la Iglesia autoriza los anticonceptivos en ciertos casos. También dice que todos los hombres son salvados por Cristo: esta es la doctrina de la salvación universal. Sí, es cierto que Cristo quiere que todos se salven, pero tú debes aceptarlo. Así que hay una condición vinculada a esto, y por tanto la salvación no es automática. Realmente tienes que elegir a Cristo.

Como obispos de Holanda –principalmente la diócesis de Roermond aunque también han cooperado personas de nuestra archidiócesis– hemos desarrollado un curso de formación, Licht op je pad (Luz para tu camino). Es un curso de catequesis que abarca desde los 4 hasta los 18 años y que puede ser usado tanto en las parroquias como en las escuelas. Los que hacen todo el curso están completamente formados en la fe católica, se lo puedo asegurar. Sin embargo, no es fácil porque necesitas reunir a los jóvenes.

La mayoría de las parroquias actualmente prefieren proporcionar una preparación para la primera comunión y la confirmación ellos mismos, porque no se fían de la que dan en los colegios. Para gran alegría mía, puedo ver, después de casi veinte años como obispo, que durante este tiempo el conocimiento de los confirmandos del sacramento que van a recibir y el efecto del Espíritu Santo en ellos se ha profundizado mucho. Siempre me reúno con ellos, bien aquí o bien en el obispado donde puedo enseñarles distintos aspectos de la vida episcopal, o al menos antes de la celebración en la parroquia, hablo con ellos. Estas conversaciones en la parroquia son también cortas. La mayor parte de las veces tienen que darme una palmada en la espalda para recordarme que tengo que revestirme para la ceremonia, porque cuando empezamos a conversar nos vamos entusiasmando, y los chicos hacen preguntas. Normalmente son buenos encuentros. Me he dado cuenta de que entre los candidatos que quedan, el conocimiento de la fe se ha incrementado. No debemos resignarnos, simplemente tenemos que aguantar.

El sacerdote que me ayudó en mi camino vocacional –y a quien le estaré eternamente agradecido– me dijo: «Wim, tienes la obligación de aguantar: esa es la virtud de la perseverancia». Me dijo que la mayoría de la gente no puede hacerlo: «si perseveras, verás que vencerás». Él mismo tuvo que superar no sé cuántos obstáculos. Rechazó tener un sueldo, vivió en gran pobreza, junto con su ama de llaves, y así es como pudo restaurar su iglesia. Él es el que la mantuvo en pie, y aún está allí. Su iglesia aún se enorgullece de tener muchos fieles y está rodeada por una alegre comunidad de fe. También se debe a muchos inmigrantes que son mejores creyentes de lo que son los holandeses

Nunca olvidaré eso: Sigue adelante. Continúa. Sigue proclamando la fe.

Y puedes ver que hoy no sólo está en declive la Iglesia en Holanda. Es cierto que los números están decreciendo, pero a veces digo: la cantidad continúa decreciendo pero la calidad se incrementa. Al inicio de mi carrera sacerdotal, en 1985, era capellán en Venlo Blerick: había aún iglesias llenas, especialmente los sábados por la noche a las 7 y los domingos por la mañana a las once, pero había mucha gente de las que asistía que no estaba de acuerdo con lo que decía en mis homilías. Hoy en día ya no es así. Cuando celebro una misa parroquial el domingo por la mañana, a menudo hay café después de la ceremonia en donde me reúno con los parroquianos. Es raro encontrar a alguien que me diga que no está de acuerdo con lo que he dicho. De hecho, vemos que hay mucha más unidad. La comunidad es pequeña, pero es más fuerte. La persona que está frente a ti no es alguien que se ha resignado a no hacer nada, o que piensa: «¿de qué sirve?».  Aún estoy animado, tengo una fe ardiente, y siempre creo en el poder de Dios: Él triunfa. Christus vincit . No nosotros, sino Él en nosotros.

A nivel litúrgico, he leído que recientemente ha decidido decir las misas ad orientem en la capilla del palacio arzobispal. ¿Por qué?

Un periodista que a menudo me critica ha escrito burlonamente que ni siquiera es ad orientem porque en esta capilla el altar mira hacia el noroeste. ¿Por qué había iglesias construidas ad orientem en el pasado? Nos girábamos al oriente a rezar por donde sale el Sol de Justicia, Cristo. Pero al final no hay realmente diferencia: la iglesia puede tener una orientación distinta. Las palabras ad orientem significan celebrar la misa vueltos hacia Cristo. Alguien más escribió otra crítica porque celebraba de espaldas al pueblo. No, yo no celebro la misa de espaldas al pueblo, la digo mirando a Cristo, hacia el sagrario, así que todos en la iglesia o en la capilla estamos vueltos hacia Cristo.

Lo que desencadenó todo esto fue realmente una cuestión muy práctica. La capilla es neogótica, pero el altar auxiliar que se instaló en los años 60 era un altar renacentista. Para los expertos en arte, era obvio que no estaba en su lugar. Debo decir que este altar era muy bajo, lo que no es práctico para el celebrante, especialmente cuando envejecemos. Ahora uso gafas bifocales y leer se ha vuelto complicado. Es incómodo.

Así que había una razón relacionada con la historia del arte, una razón artística para decir que el altar auxiliar no encajaba; un razón práctica: era demasiado bajo y había una tercera razón. El altar mayor de la capilla está decorado con paneles de madera tallados que representan los santos obispos de Utrecht, Willibrord y otros. Es un altar que existía antes de que el edificio se convirtiera en palacio arzobispal - la capilla se construyó para esa ocasión. Sabe que en Holanda desde 1835 ya fue posible tener de nuevo una jerarquía episcopal, pero el arzobispo de Utrecht aún tenía que mantener un perfil bajo, permanecer por debajo del radar porque estaba en una ciudad bastante ortodoxa dentro del Protestantismo. No había palacio arzobispal sino que el arzobispo vivía en la residencia de sacerdotes de la catedral. Aún hoy en día podemos ver la habitación en la que vivía, incluida su cama. Ahí tenía una capilla privada en donde estaba situado este altar mayor. El altar auxiliar, que no pertenece a la capilla, impedía a los fieles la vista de este altar, con sus preciosos paneles. Así que hubo una serie de razones prácticas por las que nosotros preferimos celebrar la misa en el altar principal.

Debo decir que lo hice durante varios meses antes de que la capilla fuese restaurada, y realmente me ha venido muy bien. Junto con el pueblo, estamos todos verdaderamente vueltos hacia Cristo. Ya no celebro de espaldas a Cristo sino mirando a Cristo, que está presente en el sacramento de la Eucaristía en el sagrario. Para mí, esto se podría hacer en cualquier lugar, pero es algo que no se puede imponer porque el Concilio Vaticano II autorizó la presencia de un altar auxiliar, y también hay razones prácticas: en algunas iglesias sería imposible. Pero me parece muy hermoso celebrar de esta forma. Lo encuentro enriquecedor.  

¿Cree que hay un vínculo entre la cultura de la muerte y la muerte del culto?

Sí, ciertamente existe. ¿Por qué Holanda se secularizó tan pronto hasta el punto de convertirse en el país europeo puntero en este sentido? Este es el resultado del crecimiento de la prosperidad, una carrera meteórica durante los años 60. Y, ¿cuál fue el resultado? Gente próspera que ha llegado a poder vivir sin depender de los otros, se han convertido en individualistas, y eso es lo que ha ocurrido. Vivimos en una cultura hiper individualista. La gente hace pocas cosas juntos, a menos que sea necesario, por ejemplo, para una asociación deportiva o cuando se necesitan varias personas para defender un interés colectivo. Pero para el resto, simplemente confiamos en nosotros mismos; es una tendencia muy fuerte en nuestro país.

Así, ¿qué ocurre con el joven individualista? Él se pone a sí mismo en un pedestal y ve a otro simplemente como personas alrededor de él, nada más. Debe distinguirse de los demás: no solo tiene el derecho a hacerlo sino, de hecho, el deber. Y él lo hace eligiendo sus convicciones religiosas, su visión de la vida, su conjunto de valores éticos. En la práctica, la verdad es que la mayoría de la gente simplemente se deja llevar por la opinión pública, por lo que ven en los medios de comunicación, o en las redes sociales o en los anuncios. La idea es sentirse autónomos.

Tal individualista autónomo no necesita a nadie que lo trascienda.

No lo necesita en la sociedad –el Estado– y así es como algunos rechazan el matrimonio civil, simplemente viven juntos, y lo justifican diciendo: «es nuestra relación, ¿qué tiene que ver nadie más con esto?». Esto es consecuencia del individualismo.

Este individualismo también nos ha llevado a marginar a Dios, si no nos hemos convertido ya en ateos totales. La mayoría de los holandeses hoy ya no creen en un Dios personal. Y si tú no crees en un Dios personal, que es creador, y que es, de hecho, Padre de todos nosotros, tampoco crees que el hombre fue creado a Su imagen y semejanza. Los individualistas autónomos creen que son ellos mismos los que tienen el derecho de controlar sus propias vidas y muerte, a través de la eutanasia, el suicidio asistido, porque ya no necesitan de todo esto, no digamos a Dios. El auge del individualismo, la desaparición de la fe cristiana o al menos su debilitamiento, en un gran número de personas, está ciertamente ligado a la aparición de la cultura de la muerte. Esa es una absoluta certeza, están estrechamente ligados.

Algunos católicos están tentados de marcharse a otras iglesias cristianas –la Iglesia Ortodoxa, por ejemplo– debido a la situación de confusión en la Iglesia Católica. Este es el caso por ejemplo de Rod Dreher. ¿Cómo podemos luchar contra esto, por nosotros  mismos y por otros?

Esto también ocurrió entre los católicos holandeses, no de forma masiva, pero también ocurrió. En Holanda, el movimiento pentecostal creció mucho hasta casi 1995. Muchos católicos se unieron. Una vez recibí la visita de un hombre que me explicó que fue una vez católico, justo antes de unirse a la Iglesia Reformada Liberada: «Yo le diré por qué. En mi parroquia, nunca hablaron de Cristo o del significado de la fe durante 15 años, y en un momento dado me di cuenta de que en la Iglesia Reformada Liberada sí hablaban sobre esto, por eso me fui allí», me dijo. Ésta es una iglesia que ha pasado por una grave crisis durante 15 años, y en mi opinión, este hombre ciertamente también se habrá encontrado con nuevas dificultades.

La parroquia católica a la que él solía asistir era muy progresista. En mi opinión se hablaba mucho de hacer el bien a otros, se ponía mucho énfasis en la «acción diaconal» pero prácticamente no se decía nada sobre Jesús. Ni había discusiones sobre la esencia de la fe católica: se ignoraba. A este hombre se le privó de su fe. Obviamente es muy triste que una persona tenga que renunciar a su fe católica para unirse a un grupo protestante ortodoxo, porque ahí se habla de Cristo. Pero, para ser honestos, lo entiendo hasta cierto punto. Está claro que lo que él hizo está prohibido, es algo que no se debe hacer, y objetivamente dejar la Iglesia Católica es un pecado. Pero una vez más creo que el Señor considera esto con gran misericordia porque Él sabe muy bien que aquéllos que debemos proclamar la fe en Jesucristo a menudo no estamos a la altura de las circunstancias.

Afortunadamente las cosas están mejor ahora gracias a la nueva generación de sacerdotes. Sin embargo, en nuestras mentes está presente un pensamiento: ¿debería haber sido más explícito?, ¿incluso más claro? Esto me parece que es de singular importancia.

Hay también católicos, a menudo gente corriente, que  han recibido visitas de los Testigos de Jehová. Ellos interpretan la Biblia literalmente: son gente que va puerta por puerta y por lo tanto también encuentran católicos que están en un estado de confusión. Estos católicos pueden llegar a pensar: «¡Eh, esa es la verdadera fe!, al fin estoy oyendo de nuevo lo que me enseñaron en casa en el pasado». Hay diferencias pero, o bien no se dan cuenta, o ellos piensan: «bueno, todo esto puede ser verdad porque se parece más a nuestra fe que lo que oímos en la iglesia». Sí, ha habido casos.  Creo que esta tendencia ya no es tan fuerte hoy en día, pero ciertamente lo fue no hace tanto tiempo, desde los años 60 hasta los años 90.

En respuesta a la actual situación de confusión, ¿cómo cree que la Iglesia podría ser reformada hoy? ¿Cómo puede la autoridad remediar esto?

El Papa es el principio de unidad de toda la Iglesia; el obispo es el principio de unidad de la fe y de la forma en que la fe se vive en su propia diócesis. Esto es lo primero que deben dejar claro el Papa y los obispos. Nosotros los obispos guiamos a nuestros sacerdotes, los nombramos, somos responsables de su formación. Son grandes responsabilidades, pero debemos asumirlas. Debemos cuidar de la buena formación de los nuevos sacerdotes. ¡E incluso de los sacerdotes que ya están en su lugar! Les damos cursos de formación sacerdotal. Todas éstas son oportunidades que nosotros como obispos debemos aprovechar para asegurar que haya buenos y seguros sacerdotes que proclamen el Evangelio de una forma sólida y fiable.

Debo decir que la actual generación de sacerdotes ya está haciendo mucho por explicar la fe. Ccomo ya he dicho, esto es algo que yo he estado viendo en los actuales candidatos para la confirmación, que son mucho más conscientes de lo que significa este sacramento de lo que lo hacían otros hace 20 años. Esto ya es un gran paso hacia adelante.

La liturgia se celebra cada vez más de acuerdo al misal del altar, aunque Holanda fue el epicentro de la liturgia experimental. Durante la segunda mitad de los años 60 el fin último era improvisar toda la misa, e incluso se había empezado a hacer cambios en la liturgia antes del comienzo del Concilio Vaticano II.

Todo empezó con nosotros. Esperemos que Holanda puede ser como el punto de partida para la recuperación. Creo que estamos en el camino correcto, pero ¡podríamos hacer mucho más!

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