Text Size
Jueves, Febrero 21, 2019
bg articulos

  

La frase del día: 

"Solo el que sirve con amor sabe custodiar"
Papa Francisco

El cristianismo actual en Occidente: Una práctica semi-clandestina

Autor: Antonio CAMUÑAS, empresario

Cuenta la historia que Talleyrand, el legendario clérigo, político y diplomático francés de destacada influencia en la monarquía, la revolución, la etapa imperial y la restauración, sufría de unos intensos dolores de cabeza sumamente inoportunos cuando coincidían con sus intervenciones en la Asamblea. De ahí que el "Sacerdote de la Revolución" no dudara en postrarse de hinojos suplicando al Señor que le librase de aquel tormento insoportable durante sus brillantes declamaciones.

El hombre solía acudir a Dios en momentos de especial debilidad y desesperación, y así lo hizo durante siglos, cuando sus moradas endebles, la escasez de alimentos y la supervivencia dependían de las cosechas, las enfermedades más comunes, las periódicas epidemias o de las frecuentes guerras entre unos y otros pueblos.

Pero bastó que se inventara la aspirina, para que nadie volviera a arrodillarse a suplicar al Altísimo el alivio que brindaba una simple grajea. De ahí que no sea de extrañar que el hombre contemporáneo propio de las sociedades desarrolladas, rodeado de botones, mandos y pulsadores, haya acabado por ignorar su existencia.

Los avances de la ciencia y el desarrollo del mundo ilustrado habían ido desmontando dogmas y misterios para sustituir a la fe revelada como fuente última de conocimiento por la verdad científica, piedra angular del nuevo universo de certezas antropocéntricas por el que el mundo pasaría a regirse. Al igual que Newton daría paso al Siglo de las Luces, Einstein fue el gran precursor de la postmodernidad, una de las eras más oscuras en términos filosóficos e intelectuales. No así en el ámbito de la ciencia, donde el hombre, entregado a sus avances, empezó a controlar a voluntad la luz y la oscuridad, el calor y el frío, mejorar los medios para transportarse y encontrar medios eficaces contra males incurables. Es comprensible que en ese frenesí de descubrimientos -que a la postre tampoco fue capaz de dar respuesta a las preguntas esenciales- la humanidad optase por centrarse en encontrar la felicidad. No la colectiva, sino la propia, tal y como proclama la Declaración de Independencia de los EEUU. No en vano, esta nueva sociedad parecía poder dispensar todas las mercedes que el poder feudal y la intransigencia del clero se habían negado a concederle. Por fin se podría vivir sin los impedimentos del dogma, la moral y la tradición. Una sociedad de ciudadanos libres, con sus derechos reconocidos y sin ataduras de ningún tipo sería la nueva Arcadia feliz en la que la humanidad podría finalmente vivir en plenitud.

Poco importaba que los cimientos sobre los que se asentaba el inigualable esplendor de Occidente, que retrata Niall Ferguson en Civilization, estuvieran unidos de forma indisoluble al cristianismo. Que la dignidad de cualquier ser humano -base de los derechos inalienables de la persona- fuera la plasmación laica del hombre en cuanto que criatura a imagen y semejanza de su creador, o que la separación Iglesia-Estado encontrase su primera referencia en los denarios que correspondía entregar al Cesar de Roma. Mucho menos todavía que la dignidad de la mujer tuviera en el cristianismo el máximo exponente imaginable al hacer de ella madre del hijo de Dios. Por no hablar de los incontables beneficios que la sociedad debe a la Iglesia en todos los campos imaginables.

Todo eso fue pasando a un segundo plano hasta desaparecer del discurso socialmente permitido por las autoridades en favor de nuevos mandamientos que invitan a abrazar cualquier opción contraria a las certezas más incuestionables, bajo pena de incurrir en las más severas condenas. Demonizar lo sagrado y sacralizar lo profano parece ser parte esencial del manual oficial de instrucciones de nuestro tiempo, si bien en última instancia, las sociedades occidentales secularizadas en la que vivimos distan bastante de las bondades que nos prometían sus más fervientes paladines. Junto al disfrute de progresos admirables de todo orden se han ido estrechando los horizontes, apostatándolo de sus creencias en favor de los mismos ídolos que indignaron a Moisés en su bajada del Sinaí, y sacrificando en el altar del hedonismo cuanto ha sido necesario en aras de la laxitud moral y el bienestar material.

Cabría preguntarse si el sacrilegio como norma (la irreverencia ante lo sagrado forma parte del actual universo cotidiano) y el vacío que la vida de espaldas a Dios lleva aparejado, ha compensado el esfuerzo, visto que los libros de autoayuda siguen siendo superventas, y ni el yoga (o ahora el mindfullness) suelen evitar el paso por el diván del psiquiatra. De hecho, a primera vista todo parecería indicar que las sucesivas ‘liberaciones’ contemporáneas no parecen haber colmado los resultados apetecidos. Las mujeres se muestran francamente insatisfechas con su actual status y su indignación avanza firme hacia nuevas e ignotas fronteras. Tampoco la revolución sexual ha saciado los apetitos de unos paladares cada vez más abiertos a degustar menús de imposible digestión. La convivencia, por su parte, se aleja de los beneficios de la tierra prometida por el multiculturalismo y conforma nuevos patrones de conflictividad y fragmentación en la nueva torre de babel que propicia el neotribalismo postmoderno.

No deja de resultar llamativo que unas sociedades tan liberadas de Dios sigan desplegando semejantes dosis de energía para orillar de la vida cotidiana todo lo que implique un enfoque trascendente. Que el triunfo de la transgresión sacrílega no baste para cejar en la tarea de silenciar las referencias religiosas y de empujar a los creyentes extramuros de la plaza pública hacia ámbitos no ya particulares sino íntimos. Porque no es exagerado decir que el espacio destinado a la práctica religiosa en Occidente es hoy semi-clandestino, excepción hecha de las manifestaciones públicas que se permiten porque no queda más remedio, como nuestros pasos procesionales de Semana Santa,  eso sí, presentados como tradiciones de cultura popular cercanas a la superstición: espectáculos anacrónicos y exóticos de una especie en extinción.

Las expresiones contra lo religioso que afloran por estas fechas son una constante ya sea desde la más vulgar ignorancia o bajo los argumentos más variados propios la soberbia intelectual que otorga a Flavio Josefo más credibilidad que a todos los evangelistas y exégetas juntos. Los improperios de unos y otros rezuman una mezcla de desprecio y de rabia, como si no pudieran soportar que en estos tiempos nuestros tan modernos existan todavía quienes sienten que la verdadera libertad no es la derivada de las circunstancias que nos rodean sino la que cada uno lleva en su interior, que alcanza su más sublime expresión en la muerte de un inocente perdonando a los que le clavaron en la cruz, nosotros incluidos.

El espectáculo que contemplamos no puede resultar más anacrónico toda vez que, si ya el Concilio Vaticano II rompió el nexo entre el derecho a la libertad de conciencia y de culto con la imposición de su propia verdad, la Centesimus Annus acepta plenamente la democracia hasta el punto de reconocer que ni sus abusos como sistema, que puede sean moralmente inválidos, le restan legitimidad formal. Este reconocimiento de la magna encíclica, que este año celebra su 25 aniversario, expresa por primera vez una clara opción preferencial por la democracia, frente a la tradicional indiferencia vaticana hacia los sistemas políticos.

La conexión con la verdad religiosa no apela ahora sin embargo al Estado o a los gobiernos sino a los propios cristianos y a su particular compromiso personal. Tampoco la Iglesia reclama libertad para su verdad, sino el derecho de la persona a ejercer su libertad de conciencia y practicar libremente sus creencias sin injerencias ni coerción del Estado, en plena sintonía con la primacía del individuo propia del constitucionalismo moderno, que supera el concepto de súbditos por el de ciudadanos de pleno derecho.

Mientras la Iglesia ha tardado siglos en encontrar la fórmula más apropiada para ese mutuo y respetuoso entendimiento con el poder político, la laicidad ha evolucionado en sentido contrario: de una aconfesionalidad neutral y respetuosa con lo sagrado ha pasado a una política activamente antirreligiosa, esa que Martin Rhonheimer denomina “laicismo integrista” o “integrismo laico” que ni la iglesia ni los cristianos podemos aceptar, no ya por el daño al fenómeno religioso en sí, sino por la tiranía que conlleva ese magma de rencor y resentimiento, de agravios y venganza, de rabia incontenible que puede resumirse en una sola palabra: odio.

Un odio cerval a todo lo socialmente establecido, a las instituciones, la cultura con mayúsculas, la historia y la tradición, que tiene en su punto de mira a la religión como una de las primeras piezas a abatir. Sus enemigos saben que aunque en el mundo actual las convicciones hayan sido superadas por el escepticismo y la confusión generalizadas, aunque el número de ‘paganos bautizados’ de los que hablaba Benedicto XVI no deje de crecer, aún queda un reducto numeroso de personas dispuestas a defender sus creencias.

Es posible que más allá de planteamientos políticos excluyentes y totalitarios, la animadversión cerril e irracional de quienes pretenden borrar a Cristo de la faz de la tierra esté animada por “ese fermento atormentador que empuja al ser hacia todo lo peligroso, hacia el exceso y el extasis, hasta la anulación de sí mismo” sobre el que escribe Stefan Sweig en “La lucha contra el demonio” analizando, entre otras, la vida de  Friedrich Nietzsche, quien, tras anunciar la muerte de Dios urbi et orbi y arrastrar consigo a una pléyade de entusiastas seguidores, acabó sus días en un manicomio. Aun así el filósofo existencialista acertaba al decir que habíamos sido nosotros quienes le habíamos matado.

Sea como sea, no deja de resultar de lo más chocante que sea precisamente ahora, en la Era de los Influencers, cuando no se repare en lo inexplicable que resulta que el mensaje de un humilde galileo haya pervivido a lo largo de veintiún siglos de historia.

Porque es ahora -cuando mejor podemos constatar lo efímeras que resultan todas las obras y logros humanos, lo pasajero de la fama y la gloria terrenales- el momento para asombrarnos de que la trayectoria de un nazareno de tan triste humillante destino siga vivo y plenamente vigente. La mera evocación de sus orígenes aldeanos, su elemental instrucción, o su escasa experiencia del mundo que le rodeaba, bastarían para hacernos pensar cómo es posible que las contadas palabras que salieron de su boca sigan siendo guía para miles de millones de personas y hayan servido de inspiración a buena parte de los pensadores y creadores más sublimes de la historia, superando en influencia la de todos los reyes, emperadores y poderosos de este mundo.

Incluso Charles-Maurice de Talleyrand se aprestó a firmar, a escasas horas de su muerte, una declaración repudiando sus grandes errores “que habían perturbado y afligido a la Iglesia”. Fue así como el primer ministro de Francia, el gran Chambelán del Primer Imperio, príncipe de Benevento, obispo de Auton, el político promonarquista, revolucionario, girondino, imperialista y restauracionista, acabó reconociendo el madero de la Cruz como verdadero árbol de vida.

(Publicado en DISIDENTIA)

articulos
Prev Next

Culpabilizar a las víctimas

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

De nuevo una semana con muchas noticias, de las que voy a comentar sólo dos. La primera es la carta que el Papa(...)

Leer más...

"Tolerancia cero": Santo y seña de una I…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

Dos son los pecados para los que,(...)

Leer más...

Autodeterminación

Autor: Juan Manuel DE PRADA, escritor

Nuestra época vincula(...)

Leer más...

Manos Unidas, cinco panes y dos peces

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

La primera “Campaña contra el Hambre” lanzada por Manos Unidas tuvo lugar hace ya 60(...)

Leer más...

Del cardenal Müller, una declaración de …

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

 

Leer más...

Un viaje histórico

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Pasan tantas cosas, no digo en una semana sino a veces en un solo día, que resulta difícil elegir una para comentarla. Por(...)

Leer más...

El exterminio de los campeones

Autor: Juan Manuel DE PRADA, escritor

Entre los éxitos más restallantes del reciente cine español se cuenta Campeones, la(...)

Leer más...

El origen religioso del alfabeto

Autor: Francisco GARCÍA, químico

Cuando me explicaron la primera vez que el primer alfabeto era una invención fenicia, siglo(...)

Leer más...

El futuro del celibato sacerdotal

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

La semana pasada dediqué este comentario semanal, dedicado a reflexionar sobre lo que pasa en la Iglesia, a destacar las hermosas palabras del Papa sobre la Virgen(...)

Leer más...

Desvelando al verdadero San Francisco de…

Autor: Jorge SOLEY, economista

Hace ya unos años escribí sobre la visión empobrecida y casi diríamos que caricaturesca de(...)

Leer más...

María, "influencer" de Dios

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Lo que más me ha gustado de la recién clausurada Jornada Mundial de la Juventud han sido dos cosas: el pueblo panameño y la centralidad que ha(...)

Leer más...

¿Es Jesús Emmanuel (Dios con nosotros)?

Autor: Luciana Rogowicz, judía y católica

Leer más...

Leyes liberticidas: Las de violencia e i…

Autor: Pedro TREVIJANO, sacerdote

Hace unos meses publiqué un artículo cuyo título era «Leer más...

Un Papa "pro life"

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Los que no leyeron bien “Amoris laetitia”, porque sólo se fijaron en una parte de la misma -para criticarla o para aplaudirla-, no(...)

Leer más...

Por qué el uso ordinario de los "ministr…

Autor: Peter KWASNIEWSKI, sacerdote

En la gran tradición de la Iglesia católica, en sus ritos(...)

Leer más...

Venezuela, una vez más

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote FM

Venezuela, una vez más. Y no por algo bueno, aunque(...)

Leer más...

El mundo ideal de Henry Complaintkovick

Autor: Antonio GUTIÉRREZ, sacerdote FM

Henry Complaintkovick se había hecho el hombre más rico del mundo. Era un hombre íntegro, inteligentísimo, bien educado, de buen corazón, pero(...)

Leer más...

Conversión y unidad

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

El Santo Padre ha escrito una larga carta -ocho páginas- a los obispos norteamericanos, aprovechando que estaban reunidos en un retiro, en la(...)

Leer más...

Terremoto en los medios vaticanos

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

Lo que no se logró en tres(...)

Leer más...

El catolicismo y las religiones

Autor: Francisco GARCÍA, catedrático de Química

Una de las constantes observadas en las religiones antiguas es la evolución de los dioses con el(...)

Leer más...

Existe Dios y me doy cuenta

Autor: Manuel MORALES, agustino

Tiene su chispa el fraile capuchino Cantalamessa. La semana pasada, hablando a la Curia vaticana, citaba a un ateo, Sartre. Y recordaba de(...)

Leer más...

La naturaleza como fundamento de la vida…

Autor: Enrique MARTÍNEZ, doctor en Filosofía

Afirma el filósofo y psicoanalista lacaniano Slavoj Zizek que(...)

Leer más...

Política, emigración y paz

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

El Vaticano ha dado a conocer el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de Oración por la Paz, que, como todos los(...)

Leer más...

Dichosa Navidad y sobrio Año Nuevo

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!Leer más...

Los padres ante los adolescentes

Autor: Pedro TREVIJANO, sacerdote

Para educar bien es preciso tener una idea clara del modelo de persona que se persigue, es decir, enseñar a poder saber qué(...)

Leer más...

Los otros mártires

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Las declaraciones del cardenal Müller, ex prefecto de Doctrina de la Fe, animando a los sacerdotes de la diócesis alemana de Münster, a(...)

Leer más...

Agua, agricultura, alimentación. Constru…

Autor: Fernando CHICA, observador permanente de la Santa Sede ante la FAO

Dando efusivamente las gracias a cuantos han(...)

Leer más...

Robert Spaemann, el último gran filósofo…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

Robert Spaemann era el filósofo más cercano a Benedicto XVI, su amigo y coetáneo. Falleció el 10 de diciembre a los 91 años,(...)

Leer más...

La Tierra Prometida es un recién nacido …

Autor: David SOLÍS, académico

Los Tres habían esperado este momento: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es verdad, entremedio ocurrió el pecado original, pero si(...)

Leer más...

Los riesgos del momento presente

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Esta semana se han producido dos graves ataques contra obispos. Uno ha tenido lugar en Filipinas y el otro en Nicaragua. Desde extremos(...)

Leer más...

La sabiduría se cobija en el sentido com…

Autor: Francisco PÉREZ, arzobispo de Pamplona-Tudela

Ante tantas propuestas ideológicas interesadas ha llegado la triste(...)

Leer más...

En Italia se derrumban los nacimientos y…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

Justamente el día en el que se(...)

Leer más...

Evitar la apostasía

Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Esta semana se ha sabido, y es una gran noticia, que la Iglesia ha reconocido un milagro por intercesión del beato John Henry(...)

Leer más...

Sobre la verdad

Autor: Pedro TREVIJANO, sacerdote

En la festividad de Cristo Rey, con la que se concluye(...)

Leer más...

Pío XI, los cristeros mexicanos y la Cru…

Autor: Javier NAVASCUÉS, periodista

La persecución a los católicos mexicanos, así como la heroica resistencia(...)

Leer más...

Informe 2018 sobre la libertad religiosa…

Autor: Sandro MAGISTER, periodista

En las casi 900 páginas de su último informe sobre la libertad religiosa en el mundo, publicado hace unos días, la fundación de(...)

Leer más...
Español (spanish formal Internacional)English (United Kingdom)
blog
blog-rojobilbao
 
blog-credo
 
blog-biografia 
blog-Islam
 
 enlaces 

tvonline misadeldiafranciscanosdemarialibroslibresNUEVAWEB-franciscanos-4