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Hermann Cohen, carmelita y adorador.

Hermann Cohen nació el 10 de noviembre de 1820, hijo de David-Abraham Cohen y de Rosalía Benjamín. El lugar de su nacimiento fue Hamburgo. David Cohen era un opulento negociante, y quiso dar a sus hijos esmerada educación, en consonancia con su fortuna. Hermann y su hermano mayor, Alberto, fueron mandados al colegio más renombrado de la ciudad, dirigido por un protestante. En él tuvieron que sufrir bastante de parte de sus condiscípulos, en su mayoría protestantes, a causa de la religión que profesaban.

A los cuatro años inicia Hermann su formación musical, y a los once da ya conciertos al piano. Un año después, como discípulo predilecto de Franz Liszt (1811-1886), inicia en París y desarrolla después por toda Europa una carrera muy brillante como pianista, profesor de piano y compositor.

Los personajes más brillantes y anticatólicos de su tiempo fueron los más íntimos amigos de Hermann en su adolescencia y juventud. Felicité de Lamennais (1782-1854), sacerdote que acabó en la apostasía, fue su maestro. George Sand (1804-1876), escritora casada, que abandonó a su familia, y vivió sucesivamente con Mérimée, Musset, Chopin y con algún otro, a veces incluso le acompañaba en los viajes. Admirador de Voltaire y de Rousseau, lo mismo se relacionaba con el anarquista Bakunin (1814-1876), que brillaba en los salones de la aristocracia europea.

Un viernes de mayo de 1847, en París, el príncipe de Moscú le pide a su amigo Hermann que le reemplace en la dirección de un coro de aficionados en la iglesia de Santa Valeria. Hermann, que vive en la vecindad, va allí con gusto. Y en el acto final de la bendición con el Santísimo, experimenta

«una extraña emoción, como remordimientos de tomar parte en la bendición, en la cual carecía absolutamente de derechos para estar comprendido». Sin embargo, la emoción es grata y fuerte, y siente «un alivio desconocido».

Vuelve Hermann a la misma iglesia los viernes siguientes, y siempre en el acto en que el sacerdote bendice con la custodia a los fieles arrodillados, experimenta la misma conmoción espiritual. Pasa el mes de mayo, y con él las solemnidades musicales en honor de María. Pero él cada domingo vuelve a Santa Valeria para asistir a Misa. Contaría años más tarde un amigo de Cohen:

«Habiendo entrado un día por la tarde en la capilla de las Carmelitas, [Hermann] que se complacía en visitar las iglesias en que se hallaba expuesto el Santísimo Sacramento, se puso a adorar a Nuestro Señor manifiesto en la custodia, sin contar las horas y sin advertir que la noche se acercaba. Era en noviembre. Una Hermana tornera llega y da la señal de salir. Fue necesario un segundo aviso. Entonces Hermann dijo a la religiosa: "Ya saldré cuando lo hagan esas personas que se hallan al fondo de la capilla". Y ella: "Pues no saldrán en toda la noche".

«Semejante respuesta de la Hermana era más que suficiente, y dejaba una preciosa semilla en un corazón bien dispuesto. Hermann sale del oratorio y se dirige precipitadamente a casa de Monseñor de la Bouillerie: "Acaban de hacerme salir de una capilla, exclama, en la que unas mujeres estarán toda la noche ante el Santísimo Sacramento"... Monseñor de la Bouillerie responde: "Bien, encuéntreme hombres y les autorizo a imitar a esas buenas mujeres, cuya suerte ante Nuestro Señor envidia usted"

Hermann, muy contento con la autorización de Monseñor de la Bouillerie, se puso inmediatamente en busca de hombres de fe, ávidos como él de agradecer al Jesús de la Eucaristía todos sus beneficios, entregándole sacrificio por sacrificio. «Con la intención, dice el acta de esta primera sesión, de fundar una asociación que tendrá por objeto la Exposición y Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, la reparación de los ultrajes de que es objeto, y para atraer sobre Francia las bendiciones de Dios y apartar de ella los males que la amenazan». Éstos fueron los instrumentos de que el Señor se sirvió para establecer la asociación de la Adoración Nocturna.

La primera noche de Adoración se celebró el 6 de diciembre de 1848. Esta Vigilia, y otras más, se celebraron en el Santuario de Nuestra Señora de las Victorias, de París. En esta iglesia, una lápida de mármol perpetúa el recuerdo de esta fundación. A partir de este momento, la Adoración Nocturna se expandió rápidamente por las parroquias de París y de otras ciudades francesas.

En 1849 Hermann ingresa en el Carmelo. Una vez ordenado presbítero, el padre Hermann, con muchos viajes y trabajos, fue la fuerza más eficaz tanto para la extensión del Carmelo como para la difusión de la Adoración Nocturna en Francia y fuera de ella. En 1862, el arzobispo y cardenal de Westminster, Nicolás Wiseman, consiguió del Papa Pío IX que el padre Cohen fuese enviado a Londres para fundar allí un Carmelo. Antes de marchar, el padre Cohen fue recibido por el Papa, quien le dijo: “Le bendigo, hijo mío y le envío a Inglaterra para convertirla, como en el siglo VI uno de mis predecesores bendijo y envió al monje Agustín, el primer Apóstol de dicho país.”

El 19 de julio de 1870, estalló la guerra entre Francia y Prusia. Después de una serie de derrotas del ejército francés, Napoleón III, sitiado en Sedan, rindió las armas a los prusianos. El 4 de septiembre se proclamó la III República, que dio lugar a una importante secuela de crisis políticas y sociales muy profundas. El nuevo gobierno expulsó de su territorio a los residentes prusianos en suelo francés, y el padre Hermann se vio obligado a salir de Francia, instalándose en Montreux, Suiza.

En estas circunstancias, el obispo de Ginebra, Monseñor Mermillod, le mandó llamar para pedirle se encargase de los cuidados de los prisioneros franceses internados en Prusia. Al llegar a Berlín, el padre Cohen consiguió que se le nombrase capellán de Spandau, en donde se hacinaban 5.300 prisioneros franceses, mal tratados y sumidos en la miseria. Les habló de Francia, les animó a ofrecer las penalidades a Dios por la salvación de su patria, les habló de la salvación del alma, de la necesidad de reconciliarse con Dios, les dijo que había llegado hasta ellos para ayudarles en sus necesidades.

En estas condiciones, con tanto trabajo en condiciones insalubres, no dando reposo a su cuerpo, el padre Hermann contrajo la viruela. Él mismo se lo confesó al padre capuchino Enrique de la Billerie el día 13 de enero: “Querido padre, he cogido las viruelas y tengo necesidad de usted”. Le pidió que le reemplazara porque no quería que se dejara de continuar haciendo el bien a los prisioneros. El día 15 de enero, ante el avance de la enfermedad, el párroco de Spandau le administró en sacramento de la extremaunción. El día 20 de enero de 1871, hacia las diez, hizo un pequeño movimiento y, algunos minutos después, el padre Hermann dejó de existir.

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